Declaración en un nuevo aniversario del nacimiento de Ernesto Guevara.

14.Jun.21    Ernesto Che Guevara
   

En su obra El Estado y la Revolución, Lenin comenzaría refiriéndose a la obra de Marx y de otros tantos pensadores revolucionarios manifestando que, en la vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso… Después de su muerte, se intenta convertirlos en íconos inofensivos, canonizarlos por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para consolar y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola. En semejante “arreglo” del marxismo se dan la mano actualmente la burguesía y los oportunistas dentro del movimiento obrero.

Han pasado 104 años desde que Lenin escribiera estas líneas, y han pasado 93 años del nacimiento de uno de los más acabados revolucionarios que ha tenido la causa de los explotados y oprimidos. Y más allá de que los años pasen, hay ideas que no pierden vigencia, así como procuraremos concentrarnos en el ideario guevarista, consideramos necesario iniciar el abordaje del mismo tomando como punto de partida la referencia de Lenin. Y es que, así como en el 17 él mismo escribía aquello, sin dudas en un contexto totalmente diferente al actual, la esencia del mensaje se replica hasta nuestros días. Este nuevo 14 de junio, nos encontraremos con enorme variedad de sectores que levantaran la figura del Che, pero ese acto casi reservado para las fechas puntuales en el cual se enarbola una imagen, es renegado y empolvado en el día a día. Es así, que abundan discursos atravesados por bisturís, reduciéndolo a una frase, a una fotografía, o en el peor de los casos plegándolo a un discurso que legitima una práctica que jamás podría caminar junto a la praxis desarrollada por el Che. En nuestro país, esto no solo sucede con Guevara, asistimos cotidianamente a las malformaciones que se hacen del artiguismo, los discursos sobre Sendic cuando la acción política de quienes lucharon junto a él han enterrado todo proyecto revolucionario, e indudablemente Guevara no es la excepción.

En el documento Principios y objetivos del Movimiento Revolucionario Oriental, se manifiesta lo siguiente Para nosotros no existen países guías ni partidos guías ni hombres guías, existen ideas guías. Por ello hablamos en términos del ideario guevarista, y sin dudas reconocemos en él, todo el bagaje histórico, todo el conocimiento acumulado de siglos y siglos de pensadores que alimentaron la lucha por el socialismo, ríos de sudor y sangre que ha transitado nuestra clase haciendo carne las ideas que guían la lucha de clases y la liberación de los explotados y oprimidos.

Y en la práctica revolucionaria del Che, encontramos un sinfín de ideas que movilizan a nuestra clase, que no fueron solo empujadas desde lo discursivo sino también una preocupación constante por hacer lo que se dice. Cuando pensamos en la práctica de Guevara, inevitablemente nos atraviesa esa necesidad imperiosa por luchar a destajo contra el imperialismo, donde muchos sintetizan esta lucha en la recordada frase de no confiar en el imperialismo “ni un tanto así”, pero sin dudas acumulan a la misma, aportes teóricos de incalculable valía como, por ejemplo, el Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental, donde llamaba a crear “dos, tres … muchos Vietnam” con un análisis implacable de la injerencia imperialista norteamericana en cada uno de los continentes donde somete política, económica y militarmente a los países en complicidad con las burguesías locales. Esta lucha contra el imperialismo sin dudas, trajo aparejada una idea vertebral y longeva en las aspiraciones de libertad de nuestra clase, que es el internacionalismo proletario. Diría Guevara en 1964 en discurso pronunciado nada más y nada menos que en las Naciones Unidas “Soy cubano y también soy argentino y, si no se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica, me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie.” Sin dudas, la historia demostró que no solo fue capaz de entregar su vida por los países de nuestra América, recordar aquel Che luchando en el Congo, aquel Che estudiando, organizando, conspirando, alentando la liberación de cada uno de los pueblos oprimidos, sin dudas merecería un escrito aparte el plan del Che para la liberación de nuestra América, que no pudiese materializarse ante la muerte apresurada en Bolivia.

Debemos apostar sin caer en traslados mecanicistas, a realizar una lectura en clave de actualidad y realidad concreta, visualizando como los planteos guevaristas continúan ostentando plena vigencia. ¿Qué decir de su contante lucha contra el papel lacayo de las burguesías locales? Aquellas a las cuales hay sectores que se manifiestan revolucionarios y plantean alianzas junto a la misma. O las manifestaciones en torno al desarrollo de los países colonialistas, incapaz de lograrse el mismo en el marco de economías que son puestas al servicio del gran capital y las multinacionales, sometidos intencionalmente a economías primarizadas, explotación de mano de obra barata y recursos naturales.

Y qué decir, en tiempos donde una enorme crisis económica, social y sanitaria hace campear imágenes de hombres y mujeres marginados por el sistema capitalista muriendo de hambre, en un sistema donde las crisis en la mayoría de los casos son ocasionadas por la sobreproducción, donde campean muertes evitables, pero no atendidas por un sistema de salud totalmente lucrativo y orientado a la ganancia, vivienda con techos de cartón, miles de niños y niñas desnutridos y con déficit alimenticio, miles incapaces de acceder a la educación. Frente a esto sin dudas nos recorre el mensaje de Guevara quien diría “no creo que seamos parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante”.

Ante todo esto, desde nuestra organización decidimos todos los días retomar las banderas de quienes han luchado por la causa de los pueblos, por la revolución y por el socialismo. Y sin dudas, Guevara es uno de ellos, expresión del eslabón más alto que corresponde a un ser humano, expresión de cumplimiento de la tarea principal que tiene un revolucionario que es hacer la revolución. Y este 14 de junio decidimos retomar un mensaje del Che quien manifestaba “la juventud tiene que crear”, al cual indudablemente siguiendo esta línea agregamos continuemos creando caminos de unidad organización y lucha.

Pero antes de colocarnos en la consigna de este 14 de junio, reflexionemos si para la realidad que atraviesan los jóvenes de nuestra clase y sectores populares, el ideario guevarista tiene vigencia.

Cuando uno palpa la situación de estos jóvenes, hay una realidad concreta que inmediatamente salta a la vista, padecen y sufren todos los problemas que atraviesan a la clase trabajadora y sectores populares, y en un sinfín de casos esas problemáticas son agudizadas. Para los jóvenes de nuestra clase, es moneda corriente el desempleo, la precarización y flexibilización laboral, los magros salarios. Es de todos los días, sobre todo para los más marginales la persecución policial, el hostigamiento, y el gatillo fácil. Abunda en este período de crisis más aún el hambre, el comer salteado, las largas filas en las ollas populares. Se abarrotan las cárceles, y los centros de reclusión de menores de edad de jóvenes de nuestra clase y sectores populares y recaen sobre los mismos discursos que apuntan a individuos irrecuperables.

Miles y miles de jóvenes de nuestra clase educados en un sistema de enseñanza que pone la misma al servicio de las multinacionales, que inculca una educación orientada a satisfacer el mercado laboral, cada vez más rebajada en contenido y por ende calidad, donde la mera preocupación es obtener como resultados individuos capaces de satisfacer las demandas de la patronal, educados para la competencia.

Son miles y miles los jóvenes de nuestra clase, los que caen en los vicios que condenan vidas, utilizados como vías de escape de una realidad que azota. Y cuando la realidad azota tanto que se vuelve insoportable son miles y miles de jóvenes que se quitan la vida.

Son miles y miles de jóvenes de nuestra clase, los que las multinacionales utilizan como mano de obra barata para satisfacer sus demandas. Mismas multinacionales que no solo explotan la mano de obra, sino que condenan a miles de los nuestros al envenenamiento, con negocios que solo tienen cabida en los países que a pesar de los años siguen cargando con el rótulo de colonias, adornados por los cómplices locales, gobiernos de turnos que con el discurso de fuentes de trabajo y apertura geopolítica entregan nuestro trabajo y recursos.

Y frente a esta breve descripción de la realidad, indudablemente el ideario guevarista se abre paso con plena vigencia. Y obliga a los jóvenes guevaristas, sobre todo a los sectores organizados a rescatar las ideas, ponerlas sobre la mesa para discutir y enfrentar a aquellos que toman las ideas para ningunearlas y tergiversarlas tanto en los discursivo, pero más aún en la práctica. Sin dudas, la fragmentación, que propicia una fuerte debilidad de los sectores que abonamos a recorrer la senda del che, debemos retomar y volver a crear puentes de unidad, no solo para afirmar que la lucha de clases, la lucha contra el imperialismo, contra las burguesías locales, la lucha por destruir este sistema injusto incapaz de ser reformado o humanizado es plenamente vigente, en ese camino de unidad sin dudas también deberemos enfrentar a quien vilipendien las ideas.

Existen una enorme cantidad de jóvenes de nuestra clase que espontáneamente, por lo que conocen del Che, levantan su imagen, en ese espíritu que brota por el poros de los jóvenes explotados y sometidos de conmoverse frente a la injusticia, y sin dudas, allí nace la necesidad de organizar una juventud que en todos los tiempos se ha mostrado dispuesta a luchar contra este sistema, tender a generar una juventud combativa, que crea, que asuma, que destruir el capitalismo es posible pero más aún necesario, y para ello sin dudas habrá que luchar, y en eso se nos puede ir la vida, pero sabiendo que sembramos y que más temprano que tarde, no se discutirá sobre caricaturas de revolución, y allí donde las demandas del pueblo broten y avancen, los jóvenes que este 14 de junio recordamos la praxis de un revolucionario, aquellos que asumimos el legado guevarista, estaremos dispuestos a luchar por la causa de la revolución y el socialismo.


En su obra El Estado y la Revolución, Lenin comenzaría refiriéndose a la obra de Marx y de otros tantos pensadores revolucionarios manifestando que, en la vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso… Después de su muerte, se intenta convertirlos en íconos inofensivos, canonizarlos por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para consolar y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola. En semejante “arreglo” del marxismo se dan la mano actualmente la burguesía y los oportunistas dentro del movimiento obrero.

Han pasado 104 años desde que Lenin escribiera estas líneas, y han pasado 93 años del nacimiento de uno de los más acabados revolucionarios que ha tenido la causa de los explotados y oprimidos. Y más allá de que los años pasen, hay ideas que no pierden vigencia, así como procuraremos concentrarnos en el ideario guevarista, consideramos necesario iniciar el abordaje del mismo tomando como punto de partida la referencia de Lenin. Y es que, así como en el 17 él mismo escribía aquello, sin dudas en un contexto totalmente diferente al actual, la esencia del mensaje se replica hasta nuestros días. Este nuevo 14 de junio, nos encontraremos con enorme variedad de sectores que levantaran la figura del Che, pero ese acto casi reservado para las fechas puntuales en el cual se enarbola una imagen, es renegado y empolvado en el día a día. Es así, que abundan discursos atravesados por bisturís, reduciéndolo a una frase, a una fotografía, o en el peor de los casos plegándolo a un discurso que legitima una práctica que jamás podría caminar junto a la praxis desarrollada por el Che. En nuestro país, esto no solo sucede con Guevara, asistimos cotidianamente a las malformaciones que se hacen del artiguismo, los discursos sobre Sendic cuando la acción política de quienes lucharon junto a él han enterrado todo proyecto revolucionario, e indudablemente Guevara no es la excepción.

En el documento Principios y objetivos del Movimiento Revolucionario Oriental, se manifiesta lo siguiente Para nosotros no existen países guías ni partidos guías ni hombres guías, existen ideas guías. Por ello hablamos en términos del ideario guevarista, y sin dudas reconocemos en él, todo el bagaje histórico, todo el conocimiento acumulado de siglos y siglos de pensadores que alimentaron la lucha por el socialismo, ríos de sudor y sangre que ha transitado nuestra clase haciendo carne las ideas que guían la lucha de clases y la liberación de los explotados y oprimidos.

Y en la práctica revolucionaria del Che, encontramos un sinfín de ideas que movilizan a nuestra clase, que no fueron solo empujadas desde lo discursivo sino también una preocupación constante por hacer lo que se dice. Cuando pensamos en la práctica de Guevara, inevitablemente nos atraviesa esa necesidad imperiosa por luchar a destajo contra el imperialismo, donde muchos sintetizan esta lucha en la recordada frase de no confiar en el imperialismo “ni un tanto así”, pero sin dudas acumulan a la misma, aportes teóricos de incalculable valía como, por ejemplo, el Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental, donde llamaba a crear “dos, tres … muchos Vietnam” con un análisis implacable de la injerencia imperialista norteamericana en cada uno de los continentes donde somete política, económica y militarmente a los países en complicidad con las burguesías locales. Esta lucha contra el imperialismo sin dudas, trajo aparejada una idea vertebral y longeva en las aspiraciones de libertad de nuestra clase, que es el internacionalismo proletario. Diría Guevara en 1964 en discurso pronunciado nada más y nada menos que en las Naciones Unidas “Soy cubano y también soy argentino y, si no se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica, me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie.” Sin dudas, la historia demostró que no solo fue capaz de entregar su vida por los países de nuestra América, recordar aquel Che luchando en el Congo, aquel Che estudiando, organizando, conspirando, alentando la liberación de cada uno de los pueblos oprimidos, sin dudas merecería un escrito aparte el plan del Che para la liberación de nuestra América, que no pudiese materializarse ante la muerte apresurada en Bolivia.

Debemos apostar sin caer en traslados mecanicistas, a realizar una lectura en clave de actualidad y realidad concreta, visualizando como los planteos guevaristas continúan ostentando plena vigencia. ¿Qué decir de su contante lucha contra el papel lacayo de las burguesías locales? Aquellas a las cuales hay sectores que se manifiestan revolucionarios y plantean alianzas junto a la misma. O las manifestaciones en torno al desarrollo de los países colonialistas, incapaz de lograrse el mismo en el marco de economías que son puestas al servicio del gran capital y las multinacionales, sometidos intencionalmente a economías primarizadas, explotación de mano de obra barata y recursos naturales.

Y qué decir, en tiempos donde una enorme crisis económica, social y sanitaria hace campear imágenes de hombres y mujeres marginados por el sistema capitalista muriendo de hambre, en un sistema donde las crisis en la mayoría de los casos son ocasionadas por la sobreproducción, donde campean muertes evitables, pero no atendidas por un sistema de salud totalmente lucrativo y orientado a la ganancia, vivienda con techos de cartón, miles de niños y niñas desnutridos y con déficit alimenticio, miles incapaces de acceder a la educación. Frente a esto sin dudas nos recorre el mensaje de Guevara quien diría “no creo que seamos parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante”.

Ante todo esto, desde nuestra organización decidimos todos los días retomar las banderas de quienes han luchado por la causa de los pueblos, por la revolución y por el socialismo. Y sin dudas, Guevara es uno de ellos, expresión del eslabón más alto que corresponde a un ser humano, expresión de cumplimiento de la tarea principal que tiene un revolucionario que es hacer la revolución. Y este 14 de junio decidimos retomar un mensaje del Che quien manifestaba “la juventud tiene que crear”, al cual indudablemente siguiendo esta línea agregamos continuemos creando caminos de unidad organización y lucha.

Pero antes de colocarnos en la consigna de este 14 de junio, reflexionemos si para la realidad que atraviesan los jóvenes de nuestra clase y sectores populares, el ideario guevarista tiene vigencia.

Cuando uno palpa la situación de estos jóvenes, hay una realidad concreta que inmediatamente salta a la vista, padecen y sufren todos los problemas que atraviesan a la clase trabajadora y sectores populares, y en un sinfín de casos esas problemáticas son agudizadas. Para los jóvenes de nuestra clase, es moneda corriente el desempleo, la precarización y flexibilización laboral, los magros salarios. Es de todos los días, sobre todo para los más marginales la persecución policial, el hostigamiento, y el gatillo fácil. Abunda en este período de crisis más aún el hambre, el comer salteado, las largas filas en las ollas populares. Se abarrotan las cárceles, y los centros de reclusión de menores de edad de jóvenes de nuestra clase y sectores populares y recaen sobre los mismos discursos que apuntan a individuos irrecuperables.

Miles y miles de jóvenes de nuestra clase educados en un sistema de enseñanza que pone la misma al servicio de las multinacionales, que inculca una educación orientada a satisfacer el mercado laboral, cada vez más rebajada en contenido y por ende calidad, donde la mera preocupación es obtener como resultados individuos capaces de satisfacer las demandas de la patronal, educados para la competencia.

Son miles y miles los jóvenes de nuestra clase, los que caen en los vicios que condenan vidas, utilizados como vías de escape de una realidad que azota. Y cuando la realidad azota tanto que se vuelve insoportable son miles y miles de jóvenes que se quitan la vida.

Son miles y miles de jóvenes de nuestra clase, los que las multinacionales utilizan como mano de obra barata para satisfacer sus demandas. Mismas multinacionales que no solo explotan la mano de obra, sino que condenan a miles de los nuestros al envenenamiento, con negocios que solo tienen cabida en los países que a pesar de los años siguen cargando con el rótulo de colonias, adornados por los cómplices locales, gobiernos de turnos que con el discurso de fuentes de trabajo y apertura geopolítica entregan nuestro trabajo y recursos.

Y frente a esta breve descripción de la realidad, indudablemente el ideario guevarista se abre paso con plena vigencia. Y obliga a los jóvenes guevaristas, sobre todo a los sectores organizados a rescatar las ideas, ponerlas sobre la mesa para discutir y enfrentar a aquellos que toman las ideas para ningunearlas y tergiversarlas tanto en los discursivo, pero más aún en la práctica. Sin dudas, la fragmentación, que propicia una fuerte debilidad de los sectores que abonamos a recorrer la senda del che, debemos retomar y volver a crear puentes de unidad, no solo para afirmar que la lucha de clases, la lucha contra el imperialismo, contra las burguesías locales, la lucha por destruir este sistema injusto incapaz de ser reformado o humanizado es plenamente vigente, en ese camino de unidad sin dudas también deberemos enfrentar a quien vilipendien las ideas.

Existen una enorme cantidad de jóvenes de nuestra clase que espontáneamente, por lo que conocen del Che, levantan su imagen, en ese espíritu que brota por el poros de los jóvenes explotados y sometidos de conmoverse frente a la injusticia, y sin dudas, allí nace la necesidad de organizar una juventud que en todos los tiempos se ha mostrado dispuesta a luchar contra este sistema, tender a generar una juventud combativa, que crea, que asuma, que destruir el capitalismo es posible pero más aún necesario, y para ello sin dudas habrá que luchar, y en eso se nos puede ir la vida, pero sabiendo que sembramos y que más temprano que tarde, no se discutirá sobre caricaturas de revolución, y allí donde las demandas del pueblo broten y avancen, los jóvenes que este 14 de junio recordamos la praxis de un revolucionario, aquellos que asumimos el legado guevarista, estaremos dispuestos a luchar por la causa de la revolución y el socialismo.