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Continúa profundizándose la brecha educativa

15.Abr.21    Opinión Guevarista
   


Hay problemas que son estructurales en el sistema capitalista, sin dudas la explotación y la opresión de unos pocos sobre la gran mayoría es el meollo de la cuestión, y afecta directamente a miles y miles de personas de la clase trabajadora y sectores populares. Esta realidad mundial no es ajena para nuestro país, como tampoco le es ajeno las consecuencias de una crisis económica, agudizada por la pandemia y cargada sobre la espalda de las y los explotados, donde además aún no se es capaz de visualizar el alcance de sus consecuencias y su perdurabilidad en el tiempo. En definitiva, como toda crisis capitalista traerá como consecuencia que los explotados lo sean aún más.

 

En los períodos de crisis económica del sistema capitalista, la burguesía a través de mecanismos de gobiernos que administran y defienden los intereses de dicha clase y satisfacen las demandas que esta exige, suelen ejecutar una serie de medidas para qué, en dichos períodos, las tasas de ganancias de los capitalistas no se vean afectadas. De este modo, generalmente se atacan elementos que traen consecuencias nefastas para trabajadores y sectores populares. El comodín de la austeridad por lo general siempre es el mismo, perdiendo ya su capacidad de sorpresa frente a como se afrontará la crisis. La salud, la vivienda y la educación siempre son baraja cantada entre otras tantas para dar rienda suelta a la austeridad, ajustar sobre la vida de las y los trabajadores y asegurar la ganancia de los capitalistas.

 

Con esto igualmente no pretendemos dar la idea de que en los períodos que no son de crisis económica el sistema capitalista asegura un sistema de salud, una vivienda o un sistema educativo capaz de atender las necesidades de los trabajadores, o de apuntalar a su emancipación en el caso educativo, asegurar la propia vida en el caso de la salud. Esto no es así, porque sin importar la coyuntura económica a la burguesía la mueve el afán de lucro, y hace de la salud, la vivienda y la educación por nombrar algunos ejes, un negocio del cual obtener réditos económicos.

 

Concretamente analizando nuestro país y concretamente valga la redundancia analizando el tema educativo, más allá de que ahondaremos en lo que ha sido un inicio de clase en todos los niveles, nefasto, con recortes elocuentes y profundamente rechazables, debemos realizar planteos para esclarecer esta situación y no plegarnos al discurso frenteamplista. Impulsado no solo desde su organización política sino también avalado desde espacios que actúan como furgón de cola de sus intereses, como lo son el movimiento sindical y estudiantil, donde el FA mantiene una enorme hegemonía, que pretenden posicionar el hecho de que esta debacle comenzó con la asunción de este gobierno el 1º de marzo de 2020. Incluso debemos afirmar que sectores por fuera del FA y en teoría a la izquierda del mismo, no se despegan de ello y al contrario, lo continúan reproduciendo con tal de mantenerse pegados a las bases frenteamplistas en un seguidismo de masa aberrante.

 

Desde nuestro espacio hemos venido denunciado cada año, y no solo al principio del año, las lamentables condiciones en las cuales comienzan los cursos en todos los niveles educativos, enfocándonos en secundaria, terciario y universitario propio de nuestra inserción y mayor conocimiento. El materialismo histórico no deja baches a nuestra coherencia y consecuencia. Con notas que ustedes pueden observar en nuestros perfiles hemos denunciando los recortes en secundaria y el caos generalizado en comienzos de años, caso concreto año 2019 con pasacalles que denunciaban los recortes en educación. Para ser más específicos, allí manifestábamos: “No importa cuando leas esto, la falta de inversión genera que edificios que se inauguran a nuevo inmediatamente presenten fallas, no importa cuando leas esto, los docentes han tenido serias dificultades para hacerse de horas de trabajo” y así un sinfín de “no importa cuando leas esto” denunciando aquel comienzo del 2019.

 

Denunciamos los problemas a los cuales se enfrentaban los estudiantes universitarios con los comedores en el marco del bienestar universitario, rechazamos las superpoblaciones de las facultades donde los estudiantes debían estudiar desde los pasillos o incluso se quedaban sin estudiar, saludamos la ocupación por parte del Centro de estudiantes de Magisterio que enfrentaron los recortes en el 2018 con una prolongada ocupación, que las tuvo movilizándose nuevamente este año, casi que por la misma plataforma reivindicativa ya que ni uno ni otro gobierno dieron y dan respuestas sólidas a sus planteos.

 

El año pasado denunciamos las consecuencias nefastas del pasaje a la virtualidad. Los problemas que en general afectaron todos los niveles de estudio, la realidad de los estudiantes del IPA, y sobre todo la realidad de los estudiantes de los sectores más vulnerables que no solo se vieron sacudidos por la coyuntura económica que los empujó y empuja cada vez más a la miseria, sino que también vieron cómo se estiraba aún más la brecha y la desigualdad educativa.

 

Esto nos da pie para otro de los planteos que corresponde hacer, no solo debemos impulsar un discurso y acciones que denuncien y enfrenten las políticas educativas de ayer con los gobiernos frenteamplistas y hoy con la coalición multicolor, en las cuales tanto en rol de oficialismo u oposición actuaron con complicidad e incluso lineamientos similares, reflejados por ejemplo en el frente común eduy 21, y el discurso de cambio de adn educativo. Incluso en los años de mayor prosperidad económica, que permitió a la burguesía nacional enriquecerse de sobremanera, asegurándose enormes tasas de ganancia a costa de la explotación de las y los trabajadores, la primarización de la economía y saqueo de recursos naturales entre otros, ni siquiera en dicha prosperidad fueron capaces de satisfacer las demandas de un sistema educativo, que debía conformarse con migajas en comparación a como engordaban los bolsillos de los capitalistas.

 

En pleno ejercicio del supuesto derrame económico, los sectores que siguieron desertando o repitiendo en el sistema educativo, fueron aquellos de los quintiles más pobres, los mismos que no supieron de derrame ni prosperidad. Fueron no solos aquellos de los sectores más vulnerables los perjudicados, sino todos aquellos que se vieron convertidos en cifras para el acceso a préstamos por parte de los gobiernos en muestras cotidianas de sometimiento a los organismos de imposición financiera internacional, muñecos de arcillas moldeados para satisfacer las demandas del mercado, potencializando las competencias y habilidades para el mercado del trabajo, fueron todos víctimas de un sistema educativo que es utilizado como herramienta para reproducir la lógica del modelo capitalista.

 

Mientras en el sistema público se multiplicaban las carencias en todo sentido, la educación privada era avalada, protegida y financiada en buena medida por los gobiernos frenteamplistas y continúan hoy obviamente. Hace falta recordar la ley de mecenazgo de Mujica, los centros educativos bajo modalidad PPP, la educación privada religiosa y universitaria exonerada del pago de impuestos. La lógica del mercado, la lógica del lucro y un gobierno protector de los intereses privados, en desmedro de lo público. Es que lo público bajo un gobierno que defiende y protege los intereses de la clase burguesa, es imposible que pueda responder a nuestros intereses y esté al servicio de la clase trabajadora y los sectores populares.

 

Este año vuelve a encontrar un comienzo de año caótico, con un salvaje recorte, todas las problemáticas que vimos que se arrastraban, se profundizaron y todos sabemos que estos recortes se iban a aplicar con pandemia o sin pandemia, la misma seguramente ahondó la necesidad de este, a modo de satisfacer la necesidad de contener y mejorar el tan mentado déficit fiscal.

 

Se aplicaron tijeras a diestra y siniestra. Consecuencia de ello, grupos aún más súper poblados, cargos de docencia que acompañaban a los estudiantes más vulnerables disminuyeron sus horas, menor cantidad de horas docentes y un nuevo pasaje a la virtualidad que decanta nuevamente en lo que ya se supo ver en la experiencia del año pasado. Estudiantes sin posibilidad de estudiar, estudiantes que lo pueden hacer pero se ven obligados a internarlo en un contexto socioeconómico y familiar que hace imposible puedan hacerlo de una manera adecuada, familias que se ven desbordadas por una realidad educativa que las supera, un desenmascaro del plan ceibal que dejó en evidencia un plan privatizador que pretendió colorear una realidad totalmente negra. Estudiantes universitarios y terciarios sin los medios para poder continuar sus estudios, afectados no solo por esta realidad educativa sino también por ser ellos de seguro quienes más fueron afectados por los coletazos del desempleo profundizado en el desempleo juvenil. Un cóctel totalmente caótico y unidireccionalmente perjudicial, que va en notorio detrimento de las condiciones de estudio por parte de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes de la clase trabajadora y sectores populares.

 

Mientras esta realidad azota a estos sectores, se puede visualizar a las y los jóvenes organizados tanto a nivel del movimiento estudiantil como sindical totalmente enajenados en la recolección de firmas para llegar al referéndum contra la LUC. Inundan con mensajes referentes a cómo afecta la LUC a nivel educativo, se fotografían como lo hacen referentes de la FEUU bajo un dominio hegemónico de sectores que responden al FA con consignas tales como “vida, pan, vacunas y educación” y nuevamente a juntar firmas.

 

Un movimiento estudiantil incapaz de generar respuesta a las necesidades concretas de los y las jóvenes más vapuleadas por esta crisis económica y por esta modalidad de estudio. Mientras el único afán es recolectar firmas, miles de jóvenes se ven imposibilitados aún más de lo que sucedía sin esta modalidad, de poder avanzar en sus estudios y para quienes están organizados tanto estudiantilmente como sindicalmente esta realidad transita por un costado. Ausencia total de un plan de lucha que exija al gobierno que se le asegure a los estudiantes en todos los niveles educativos la posibilidad de estudiar en sus centros de estudios, con una fuerte inversión que permita enfrentar la dinámica de grupos superpoblados de todos los años. Una fuerte inversión que permita cumplir con los protocolos de sanidad los cuales no pueden ser cumplidos por la escases ya longeva de recursos humanos a la hora de la limpieza de los centros de estudios, trabajo de enorme explotación producto de una política de tercerizaciones asqueante. Un plan de lucha que enfrente las políticas del gobierno frente a miles de jóvenes arrojados al desempleo sin siquiera una seguridad social que los cubra producto de años y años de trabajo en negro, un plan de lucha que no se quede en la tibia denuncia del despojo de becas y además de enfrentar esto, exija más aún, un aumento generalizado de dichas becas.

 

No existe un plan de lucha, porque no existe un movimiento estudiantil que eduque en la conciencia de luchar, que eduque en la independía de clase, que eduque en la necesidad de construir una herramienta educativa con otro fin que no sea reproducir la lógica del capital. Enorme tarea para afrontar a los pequeños destacamentos del clasismo que se pueden hallar a la interna del movimiento estudiantil. Impregnar otra lógica, la necesidad de una orientación clasista en los espacios de inserción juvenil, la necesidad y la posibilidad de coordinar, continúan estando al orden del día. Mientras tanto, la conciliación y la entrega continúan campeando, mientras la desigualdad se profundiza.