Una actitud nueva frente al trabajo.

Ernesto Che Guevara
26.Ene.08 :: Ernesto Che Guevara

Discurso pronunciado en la entrega de Certificados de Trabajo Comunista en el Ministerio de Industrias. 15 de Agosto de 1964



Compañeros todos:

Yo creo que hoy, en esta ocasión, en celebración de un acto de significación tan revolucionaria como éste, en el cual el Ministerio de Industrias tiene el sincero orgullo de haber estado siempre a la cabeza en la profundización de la conciencia revolucionaria por la vía del trabajo colectivo, del trabajo de naturaleza social y voluntaria, hay que hacer algunas consideraciones previas sobre lo que es el trabajo en el socialismo.

Si ustedes me permiten, les voy a «empujar» un pequeño versito. ¡No se preocupen, porque no es de mi propia inspiración, como se dice! Es un poema -nada más que unos párrafos de un poema- de un hombre desesperado; es un poema escrito por un viejo poeta que está llegando al final de su vida, que tiene más de 80 años, que vio la causa política que defendiera la República española caer hace años; que desde entonces siguió en el exilio, y que vive hoy en México. En el último libro que editó hace unos años tenía unos párrafos interesantes. Decía así:

… Pero el hombre es un niño laborioso y estúpido que ha convertido el trabajo en una sudorosa jornada, convirtió el palo del tambor en una azada y en vez de tocar sobre la tierra una canción de júbilo, se puso a cavar…

Y después decía -más o menos, porque no tengo muy buena memoria-:

Quiero decir que nadie ha podido cavar al ritmo del sol, y que nadie todavía ha cortado una espiga con amor y con gracia.

Es precisamente la actitud de los derrotados dentro de otro mundo, de otro mundo que nosotros ya hemos dejado afuera frente al trabajo; en todo caso la aspiración de volver a la naturaleza, de convertir en un fuego el vivir cotidiano. Pero, sin embargo, los extremos se tocan, y por eso quería citarles esas palabras, porque nosotros podíamos decirle hoy a ese gran poeta desesperado que viniera a Cuba, que viera cómo el hombre después de pasar todas las etapas de la enajenación capitalista, y después de considerarse una bestia de carga uncida al yugo del explotador, ha reencontrado su ruta y ha reencontrado el camino del juego. Hoy en nuestra Cuba el trabajo adquiere cada vez más una significación nueva, se hace con una alegría nueva.

Y lo podríamos invitar a los campos de caña para que viera a nuestras mujeres cortar la caña con amor y con gracia, para que viera la fuerza viril de nuestros trabajadores cortando la caña con amor, para que viera una actitud nueva frente al trabajo, para que viera que no es el trabajo lo que esclaviza al hombre sino que es el no ser poseedor de los medios de producción; y que cuando la sociedad llega a cierta etapa de su desarrollo, y es capaz de iniciar la lucha reivindicatoria, destruir el poder opresor, destruir su mano armada, que es el ejército, instalarse en el poder, otra vez se adquiere frente al trabajo la vieja alegría, la alegría de estar cumpliendo con un deber, de sentirse importante dentro del mecanismo social, de sentirse un engranaje que tiene sus particularidades propias -necesario aunque no imprescindible para el proceso de la producción- y un engranaje consciente, un engranaje que tiene su propio motor y que cada vez trata de impulsarlo más y más, para llevar a feliz término una de las premisas de la construcción del socialismo: el tener una cantidad suficiente de bienes de consumo para ofrecer a toda la población.

Y junto con eso, junto con el trabajo que está todos los días realizando la tarea de crear nuevas riquezas para distribuir por la sociedad, el hombre que trabaja con esa nueva actitud se está perfeccionando.

Por eso nosotros decimos que el trabajo voluntario no debe mirarse por la importancia económica que signifique en el día de hoy para el Estado, el trabajo voluntario fundamentalmente es el factor que desarrolla la conciencia de los trabajadores más que ningún otro. Y más todavía cuando esos trabajadores ejercen su trabajo en lugares que no les son habituales, ya sea cortando caña, en situaciones bastante difíciles a veces, ya sean nuestros trabajadores administrativos o técnicos que conocen los campos de Cuba y conocen las fábricas de nuestra industria por haber hecho en ellas el trabajo voluntario, y se establece también una nueva cohesión y comprensión entre dos factores que la técnica productiva capitalista mantenía siempre separados y enconados porque era parte de su tarea de división constante para mantener un fuerte ejército de desempleados, de gente desesperada, lista a luchar por un pedazo de pan contra todas las conveniencias a largo plazo, y a veces contra todos los principios.

El trabajo voluntario se convierte entonces en un vehículo de ligazón y de comprensión entre nuestros trabajadores administrativos y los trabajadores manuales, para preparar el camino hacia una nueva etapa de la sociedad, una nueva etapa de la sociedad donde no existirán las clases y, por lo tanto, no podrá haber diferencia ninguna entre trabajador manual o trabajador intelectual, entre obrero o campesino. Por eso nosotros lo defendemos con tanto ahínco, por eso nosotros tratamos de ser fieles al principio de que los dirigentes deben ser el ejemplo que ha planteado Fidel en reiteradas oportunidades.

Y hemos venido a este acto también, con el compañero Borrego, a recibir nuestros diplomas. No es un acto pueril y no es un acto de demagogia, es simplemente la demostración necesaria de que nosotros -los que hablamos constantemente de la necesidad imperiosa de crear una nueva conciencia para desarrollar el país y para que se pueda defender frente a las enormes dificultades que tiene y a los grandes peligros que lo amenazan- podamos mostrar nuestro certificado de que estamos siendo conscientes y consecuentes con lo que decimos, y que, por lo tanto, tenemos derecho a pedir algo más de nuestro pueblo.

Porque todavía los días difíciles no han pasado ni remotamente; no han pasado en el terreno de la economía, y mucho menos han pasado en el terreno de las amenazas de la agresión extranjera. Son días en verdad difíciles, pero dignos de ser vividos.

Todo el mundo subdesarrollado -o llamado así-, el mundo explotado y dependiente, el mundo sobre el cual los imperialistas arrojan sus crisis, arrojan sus magnates, sus ejércitos de expoliadores, y extraen hasta la última gota de riqueza, se despierta y lucha. Y esa lucha es un peligro para nosotros.

Se nos señala, se nos condena en reuniones de ministerios de colonias. Pero el nombre de Cuba se pasea en los labios de los revolucionarios del mundo entero; el nombre de Cuba transciende ya nuestras fronteras, hace algunos años que las ha trascendido. Y no solamente para expandirse como un ejemplo y como una esperanza para América, sino también en otras regiones del mundo que nuestro pueblo -sumido en la explotación, en la incultura-, apenas si conocía.

Pero hoy todo nuestro pueblo sabe que existe un Vietnam, sabe que ese país -explotado antaño, dividido hoy- lucha con todas sus fuerzas unidas contra la opresión imperialista, sabe que ese paralelo que artificialmente divide el país será solamente un recuerdo para la historia a corto plazo.

Y nuestro pueblo, que desconocía la geografía y que apenas tenía una vaga idea de que existiera una colonia francesa llamada Indochina, en los confines del Asia, en las Antípodas, hoy conoce exactamente todas las hazañas de nuestros hermanos vietnamitas. Y allá en Vietnam hemos visto cómo hace pocos días intervenía en acción heroicamente -como siempre lo hacen los combatientes del Vietnam- el batallón o la brigada «Playa Girón»; que Playa Girón es un símbolo para todos los pueblos oprimidos; Playa Girón es la primera derrota del imperialismo en América Latina, pero también es una de las primeras derrotas del imperialismo en escala mundial. Y los pueblos recogen su nombre.

Y como sucede en Vietnam, tenemos el orgullo de que ese nombre -para nosotros histórico ya- sea el nombre de una brigada combatiente de aquellos heroicos luchadores. Así, nuestro nombre y el nombre de nuestro Comandante en Jefe han aparecido en los rotativos de todo el mundo, y mucha gente humilde sumida en la ignorancia por años, por siglos de opresión, identifican hasta hacer uno solo el nombre de Cuba y de Fidel Castro.

Eso nos ha ocurrido muchas veces en viajes que hemos tenido que realizar por encargo del Gobierno. Y eso es nuestro gran tendón de orgullo, eso es lo que resarce al pueblo de todas las penurias del bloqueo, de todas las amenazas de invasión, de todas las dificultades que se acumulan sobre la dificultad en sí que significa la gran tarea de la construcción del socialismo. Y a pesar de todo seguimos adelante, y seguimos cada vez mejor, independientemente de que las situaciones políticas sean cambiantes y de que la situación económica no siga una línea recta ascendente, que haya vaivenes, que haya años mejores y peores, zafras mejores y peores; independientemente de ese aspecto material y concreto de un año dado, nuestro pueblo cada vez adquiere mayor grado de conciencia.

Y eso, nuestro trabajo, nuestro trabajo de combatientes de la producción, es hacer que la conciencia se desarrolle cada día más en esta vía por la cual transitamos; hacerlo tan bien que cada trabajador sea un enamorado de su fábrica; pero que cada trabajador sepa que si el precio de conservar su fábrica intacta, su trabajo o la vida misma de él y de sus hijos es el caer de rodillas, ese precio no podrá ser pagado jamás por el pueblo de Cuba.

Nosotros hemos venido a celebrar el acto de entrega de los Certificados Comunistas del trabajo pacífico, del trabajo creador, y no sé por qué mecanismo mental inmediatamente hemos ido a los tiros, a la lucha, a la decisión de mantenerse incólumes, cualquier cosa que pase. Es que están muy ligados, es que es nuestra lucha la que nos permite hoy poder gozar de la paz constructiva, y es nuestra aspiración la paz máxima, la paz completa, la paz de todos los pueblos que hayan dejado ya el sistema de explotación, que hayan pasado a etapas superiores de la sociedad. Pero si alguien se opone a que la realidad de Cuba se reproduzca en otros pueblos de la tierra, entonces es lícito dejar por un momento la paz y conquistar la paz con las armas.

Y eso están haciendo los compañeros vietnamitas, eso están haciendo día a día, no importa que haya provocaciones, no importa que violen su cielo los aviones yanquis, que les ataquen sus barcos, que traten de destruir su economía bombardeándolo inmisericordemente. Ya no se trata de la lucha de un gigante despótico contra algo indefenso, ya no se trata de los principios del siglo o los fines del siglo pasado, cuando la sola boca de los cañones yanquis imponían respeto y cambiaban gobiernos. Ahora las fuerzas del pueblo contestan. Podrá destruirse transitoriamente algo de la economía de Vietnam; nosotros conocemos eso, sabemos que algún día pudiera ser que un ataque parecido, fraguado a través de una provocación parecida, cayera sobre nuestro territorio. ¿Y qué? ¡Hay que pagar cualquier precio por el derecho a mantener enhiesta nuestra bandera y el derecho a construir el socialismo según la voluntad de nuestro pueblo!

Yo les preguntaría, compañeros: ¿quién de entre los que estamos aquí, quién con más derecho podría ostentar un Certificado de Trabajo Comunista? (El público dice: «Fidel») -entre los que estamos aquí he dicho- … que un trabajador que estuvo muchos años en las montañas de su tierra natal, viendo morir a sus compañeros de hambre incluso; luchando día a día, en momentos… En aquella época no sabía ni leer ni escribir, pasando años de hambre y miseria, viendo cómo el imperialismo, el colonialismo destruía todo lo poco que iban pudiendo crear; cómo morían sus familiares, a veces de hambre, otras veces víctimas de la metralla enemiga. Muchos de ustedes han leído la historia esa. Por eso el trabajo constructivo y comunista está íntimamente ligado a la fe y la decisión comunista de crear un mundo mejor y de romper todas las barreras. Y entre todos nosotros no hay nadie que merezca ese Certificado con mayor justicia que el compañero Noup, digna representación de su pueblo.

Bien, compañeros: diremos algunas cosas sobre la significación, con algunos números, del acto que hoy resumo aquí. Las horas trabajadas fueron un millón 683 mil. Si nosotros dividimos estas horas entre ocho horas normales de trabajo, significa que se han trabajado 21mil 37 días, es decir, hay varios años de trabajo hecho voluntariamente.

Veamos otro ejemplo de lo que puede hacer el hombre, el hombre que sí puede cortar espigas con amor y con gracia. Nosotros analizábamos el récord de horas del compañero Arnet, y como todavía -sí, todavía y por mucho tiempo- nuestro espíritu es un poquito desconfiado, empezamos a sacar cuentas. Mil seiscientas siete horas, divididas por ocho horas laborables, son doscientas jornadas. Seis meses son 182 jornadas. Es decir que este compañero ha trabajado mucho más de una jornada de ocho horas extras sobre su trabajo normal; entonces decidimos hacerle una inspección. La inspección confirmó la absoluta honestidad del compañero Arnet; pero además -a pesar de que creo que él se enojó un poco, porque él decía que él estaba trabajando por cumplir con la Revolución y no para ganar méritos y que no le importaba el hecho de que fueran tantas o más cuantas horas y que simplemente, pues, dedicaba esas horas a la Revolución-, él, por ejemplo, hace ya algunos años que todas las vacaciones las trabaja directamente en la unidad. Además, por una serie de conocimientos que ha adquirido, porque, además, ya tiene unos cuantos añitos sobre los hombros, ¿no?, -¿cuántos son? ¡Cuarenta y nueve!- trabaja en carpintería, electricidad, plomería, mecánica, pintura, en horas voluntarias. Además, me dio mucha satisfacción al ver que el compañero Arnet es de la misma calaña mía, de aquellos que les duele soltar un centavo terriblemente. Fíjense en esta parte del informe de la inspección dice: «Hizo la albañilería y la instalación de dos baños y un cuarto de duchas, pintó él solo la unidad, y para evitar gastos que consideró innecesarios se negó a alquilar andamios y los mismos los hizo utilizando como base dos bobinas de papel a las cuales les colocó encima dos tablones, sobre eso encaramó una mesa y en ella una escalera, subiendo a ésta con una brocha amarrada a un palo, con lo cual logró llegar a la parte más alta de la pared.»

Y así es toda la historia de las mil seiscientas horas que hizo el compañero Arnet.

Nosotros sabemos -y además lo sabemos por experiencia propia- que ya hacer doscientas cuarenta horas es pesado, que no podemos aspirar a que todos los compañeros tengan esa misma eficiencia, aunque hay algunos que llegaron cerca de las mil horas también, el compañero de la electricidad, el compañero Manuel Fumero, novecientas una horas trabajó; pero nosotros lo que queremos es que esto sirva de ejemplo, que se entusiasme más gente y que más gente contribuya al trabajo voluntario.

Y una vez más lo digo: no nos interesa la magnitud económica de lo que se consiga, en definitiva todo lo que económicamente se pueda lograr aquí; rebaja de costos, aumento de la rentabilidad, no es nada más que para distribuir entre ustedes, entre el pueblo en general; no le toca a nadie un centavo más que a otro por el hecho de que se trabaje voluntariamente y se entregue ese esfuerzo a la colectividad.

Pero nosotros queremos que se gradúe el esfuerzo para que más gente que no sea capaz de llegar al límite de las doscientas cuarenta horas, que significa un mes entero de trabajo normal de ocho horas en el semestre, pueda también participar en el trabajo voluntario, que cada vez se haga una cosa más amplia, para que se trabaje una buena cantidad de horas por hombres en cada rama. ¿Para qué? De nuevo: para que cada uno adquiera más conciencia. Claro que esto es una cosa eficaz para la producción por lo que directamente significa y, además, por lo que significa también como ejemplo, como desarrollo de la conciencia.

El compañero Arnet -para citarlo una vez más- también se ufanaba que su fábrica, durante meses enteros, no tenía ausentismo. Además, la limpieza, la corrección que hay en esa fábrica es ejemplar; es muy pequeña. Ahora el compañero Arnet, por una inveterada mala costumbre nuestra, hace un tiempo ha sido designado jefe del taller y hemos extraído un gran compañero de la producción y le hemos quitado algunas horas para que administre el taller. Digo inveterada mala costumbre porque la tarea de dirección es una tarea concreta que hay que analizarla bien y que no siempre corresponde al espíritu, a la forma de actuar, a la idiosincrasia de un trabajador ejemplar, y hay grandes trabajadores que pueden no ser grandes administradores, porque son tareas distintas: el trabajo manual es concreto, el trabajo de dirección es abstracto. Pero, naturalmente que por los méritos nadie discute, lo único que a nosotros nos interesaba es que siempre siguiera el compañero Arnet siendo un factor constante que impulse a los demás compañeros a superarse. Ya el compañero de la electricidad me dijo que él ese semestre se «faja» con Arnet; yo no sé si Arnet ahora que es administrador va a bajar un poquito el ritmo, pero ya tiene un buen contendiente ahí.

Y ese tipo de emulación es lo que va haciendo como un juego, que se mejore, que se amplíe cada vez más la base de los trabajadores que participan en la construcción social conscientemente, porque cada hora que se da es una hora consciente; las otras entran en el mecanismo de las relaciones sociales y es una hora más o menos inconsciente.

Por eso nosotros estábamos discutiendo con algunos ministerios la necesidad de impulsar esto -naturalmente, voluntariamente, los que lo consideren así-. Nos reunimos con el compañero Borrego, del Ministerio de la Industria Azucarera; con el compañero Yabur, del Ministerio de Justicia, que es especial para trabajar en labores manuales, porque es ya la ligazón completa del trabajo no productivo, el trabajo de los servicios, el trabajo intelectual, con el trabajo productivo. Y regentados por la CTC que orientó y dirigió eso, establecimos un comunicado conjunto entre nosotros cuatro.

Ese comunicado es un llamado, además, a que otros organismos que quieran hacerlo participen en eso que puede ser una emulación, o se puede convertir en una emulación entre organismos. Ya el compañero Borrego, como un mal hijo del Ministerio de Industrias, ha retado a sus padres y ha establecido ahí un tremendo reto de batallones voluntarios.

El comunicado dice así:

Sobre el trabajo voluntario.

Primero. En el socialismo el incremento incesante de la producción de bienes materiales asegura la satisfacción al máximo de las necesidades constantemente crecientes de la sociedad, requiriéndose en ese empeño la participación entusiasta y decidida de los trabajadores.

Segundo. El trabajo voluntario es la expresión genuina de la actitud comunista ante el trabajo, en una sociedad donde los medios fundamentales de producción son de propiedad social; es el ejemplo de los hombres que aman la causa de los proletarios y que subordinan a esa causa sus momentos de recreo y de descanso para cumplir abnegadamente con las tareas de la Revolución.

El trabajo voluntario es una escuela creadora de conciencia, es el esfuerzo realizado en la sociedad y para la sociedad como aporte individual y colectivo, y va formando esa alta conciencia que nos permite acelerar el proceso del tránsito hacia el comunismo.

A los fines de organizar nacionalmente el trabajo voluntario en los organismos que suscriben este Comunicado Conjunto y la participación en el mismo de todos sus trabajadores, así como para asegurar el cumplimiento de los acuerdos que se adopten y para exhortar a todos los trabajadores de la Nación a que integren a lo largo y ancho de la isla los Batallones Rojos de trabajo voluntario, los referidos organismos formulan la siguiente proposición:

Que los Batallones Rojos ya integrados y aquellos que se formen en el futuro, basándose en las experiencias adquiridas durante un año con saldos favorables en el trabajo voluntario a través de los Batallones Rojos, adopten la reglamentación pertinente con arreglo a las siguientes bases:

Sobre el trabajo voluntario. El trabajo voluntario es el que se realiza fuera de las horas normales de trabajo sin percibir remuneración económica adicional. El mismo puede realizarse dentro o fuera de su centro de trabajo.

Sobre los Batallones. Composición: El Batallón estará compuesto de la siguiente forma: un jefe, un responsable general de brigadas, tantos jefes de brigadas como brigadas tenga el Batallón. El número de miembros de cada brigada estará determinado por las características del trabajo a realizar o de la organización del Batallón.

Categorías de los miembros. Existirán tres categorías que son las siguientes: miembro vanguardia, que será el que acumule 240 horas o más en un semestre; miembro distinguido, que será el que acumule 160 horas en un semestre; miembro, que será el que realice un mínimo de 80 horas.

Sobre la organización del trabajo. La buena organización del trabajo voluntario es el requisito fundamental del desarrollo de esta actividad; por lo tanto, deben considerarse los siguientes aspectos: trabajo productivo industrial o agrícola, trabajo de enseñanza educativa no remunerada, trabajo técnico. Se le dará categoría de trabajo técnico a la brigada de técnicos que se cree en un momento determinado para la realización de una tarea específica.

Sobre la emulación de los batallones y control. Cada Batallón, conjuntamente con su Sindicato, establecerá los records emulativos con carácter individual o colectivo, tanto dentro del propio Batallón como con otros batallones.

Para calificar el trabajo del Batallón así como su aporte al desarrollo de la sociedad socialista, se llevará el más estricto control del resultado del trabajo realizado.

Sobre los reconocimientos. Miembros vanguardias, se les entregará un certificado de Trabajo Comunista, firmado por el Ministro del ramo y el secretario General de la CTC Revolucionaria además de un sello distintivo. A los miembros distinguidos se les entregará un diploma calificándolos como tales con las firmas señaladas. Y a los miembros se les entregará un diploma acreditativo de tal condición. Todos estos reconocimientos serán entregados por cada semestre trabajado.

Sobre la reglamentación de los batallones. Cada Batallón confeccionará, conjuntamente con su Sindicato, el reglamento por el cual deberá regirse, abarcando fundamentalmente lo siguiente: a) forma de ingreso, b) deberes de los responsables y miembros del Batallón, c) disciplina que deberá observarse, d) calidad en los trabajos, e) divulgación del resultado del trabajo.
El reglamento será sometido a la aprobación de la Central de Trabajadores de Cuba Revolucionaria para darle forma y que sean todos más o menos parecidos.»

Y, entonces, dice abajo -tipo Declaración de La Habana-: «Y con la aprobación de esta Asamblea General de Trabajadores Voluntarios, en el Salón Teatro de nuestra Central Sindical de Trabajadores de Cuba, a los quince días del mes de agosto de mil novecientos sesenta y cuatro, firman la presente por los respectivos organismos: Ministerio de Industrias, Ministerio de Azúcar, Ministerio de Justicia, Central Sindical de Trabajadores de Cuba Revolucionaria.» ¿Están de acuerdo?

Una advertencia, compañeros: las categorías de miembro distinguido y de miembro es para que otros compañeros ingresen al Batallón o al trabajo voluntario; no es para que ustedes se recuesten y pierdan categoría. Ustedes tienen que mantenerse allí en trabajador de vanguardia -tenemos todos-. Ya tenemos un certificado y tendremos que seguir sacándolo cada semestre dentro de lo posible.

Bien: hemos adquirido una experiencia grande, hemos visto la posibilidad grande que hay del desarrollo de este tipo de trabajo; pero también hemos visto cómo la falta de interés, la falta de comprensión del problema, va en merma del trabajo.

La rama Mecánica Liviana fue la primera rama que empezó con este tipo de trabajo, tuvo esa iniciativa hace más de un año; vuelve a ser la rama Mecánica Liviana la ganadora. Además, una empresa de esa rama, la de Recuperación de Materias Primas, a la cual se le dio un impulso especial, tiene 47 horas-hombre acumuladas en el semestre. Es decir, que si dividimos el total de horas trabajadas por la cantidad de personas que hay en la Empresa, el resultado es que cada una de ellas ha trabajado 47 horas voluntarias. Claro que esto no es así, porque hay muchos que no trabajan y otros que trabajan mucho más, pero estos promedios son muy interesantes, muy superiores, naturalmente, a los de todas las otras empresas.

Ahora viene la parte negativa de todo esto, el aspecto negativo. Por ejemplo, las Empresas e Institutos que no obtuvieron ningún Certificado Comunista de Trabajo Voluntario. Y aquí tienen que ver bastante -me animo a decirlo- los directores de empresas. En algunos casos específicos hay problemas de materias primas, problemas muy serios, las empresas tienen muy limitada su producción; pero la empresa está constituida por un montón de fábricas, siempre hay alguna que pueda trabajar, incluso que puede hacer trabajo voluntario, pues, para pintar la fábrica, para mantenerla limpia, para muchas cosas. Es decir, que nosotros aquí, por la falta de atención al trabajo, puede parecer que los obreros de estas empresas están desinteresados, y no es un problema así. El problema es que no han sido movilizados correctamente.

El director de la empresa por un lado y el sindicato por el otro, tienen que amarrarse bien para llevar hasta la masa todas las indicaciones, todo el entusiasmo, para que prenda el trabajo voluntario.

Estas Empresas son: la de Construcción de Maquinaria, la Automotriz, la Conformación de Metales de la Rama Metalúrgica… ahí estaba Agapito, que decía -¿dónde está Agapito?- que había traído un montón de gente: tiene tres Empresas de la Rama.

La Empresa Consolidada de Minería tampoco ha dado ninguno, y los Institutos de Investigaciones Tecnológicas para el desarrollo de Maquinaria, de Investigación de Minería y Metalúrgica y para el desarrollo de la Industria Química.

Una sola Delegación Provincial alcanzó Certificado Comunista de Trabajo Voluntario: la de Matanzas, con un trabajador.

Dentro de las que lo obtuvieron, la Empresa Consolidada de la Química Básica es la que tiene menos: un solo compañero, y es administrativo. El total de trabajadores del Ministerio de Industrias que alcanzaron Certificados de Trabajo Voluntario fue de mil dos; al principio eran novecientos y pico; al final han aparecido más. Estas son las cosas negativas, porque todo es trabajo voluntario, todo es expresión del entusiasmo de la gente, pero sin control no podemos construir el socialismo, y también el trabajo voluntario hay que controlarlo bien, no burocráticamente, sino controlarlo bien.

Esperamos que este semestre que viene haya muchos Batallones Rojos formados, y también -a pesar de que no tenemos la zafra, donde se puede trabajar y acumular horas voluntarias- que este semestre que viene haya más trabajadores voluntarios que hayan obtenido las 240 horas, es decir, el Certificado de Trabajo Comunista que sigue vigente.

Nosotros entendemos que con esta organización va a poder mejorar la incorporación de más compañeros al trabajo. En esa forma podremos ir ampliando cada vez más nuestra base. Ya lo he repetido con insistencia en la noche de hoy: la necesidad máxima nuestra es ampliar el trabajo voluntario por los fines educativos que tiene, y mientras, pues, seguiremos en todas nuestras tareas, la tarea extremadamente difícil de cumplir los planes de producción, en la cual siempre tropezamos con una cantidad enorme de problemas. Y solamente un solo mes en la historia del Ministerio de Industrias el Ministerio completo ha cumplido su plan de producción al ciento por ciento.

¿Qué aplauden? Un solo mes lo cumplió y aplauden. ¡Cómo sería si lo hubiera cumplido todos los meses!

Pero bueno: hay una cosa interesante, ese mes en el cual se cumplió fue este mes pasado, el mes de julio, es decir, el mes donde hubo una movilización para las metas y donde toda la gente le metió el hombro al trabajo.

Una vez nosotros hablábamos de que era necesario crear ese espíritu creativo en el trabajador para que ayude a los técnicos y a los técnicos administrativos también, a mejorar la calidad del trabajo y a extraer toda esa gran riqueza potencial que está en nuestro subsuelo a veces, en nuestros almacenes otras, y que no podemos coordinar por falta de materias primas, por falta de una tecnología adecuada, por falta de organización, y no nos permite cumplir a cabalidad las tareas. Claro que está el bloqueo imperialista, y seguirá estando durante algún tiempo, hasta que se cansen o hasta que ocurran acontecimientos de otro tipo. Pero eso no debe servir nada más que para un estímulo nuevo a nuestro trabajo, para impulsarnos a crear nuestra propia base, nuestras piezas de repuesto, nuestra tecnología, y depender cada vez menos del área capitalista, que no es un área muy confiable para nosotros, porque siempre están sujetos a enormes presiones políticas y constantemente se produce alguna defección.

Ustedes vieron hace pocos días al gobierno de Chile, que había votado en contra de la OEA, por una presión de los Estados Unidos o tal vez por una maniobra política interna, en definitiva a pesar de que tenía una actitud jurídica correcta, pero era un gobierno de la burguesía, rompió con nosotros. Se une también, pues, al bloqueo decretado por el imperialismo.

Y así puede suceder esto con uno u otro país. Entonces nosotros tenemos que tener una base muy sólida nuestra que nos permita aprovechar al máximo el comercio mundial, pero nunca depender de él; es decir, que nos permita, por ejemplo, tener relaciones con todos los países con los cuales tenemos relaciones ahora, y aumentarlas, pero que no tenga eso que jugar para nada -como no puede ser- con problemas de conciencia, problemas de principios de la Revolución.

Una vez, hace algún tiempo, el gobierno francés estuvo muy enojado con nosotros porque nosotros apoyábamos a Argelia; reconocimos al gobierno argelino en armas. En ese momento, pues, también se unía en alguna forma el bloqueo imperialista. Después se adquirió un grado de comprensión mayor por parte misma del gobierno francés. Argelia se liberó, históricamente estaba destinada a liberarse, no podía haber otra solución que la liberación de Argelia, y todo lo que fuera contra eso era simplemente sumir en la desgracia a un pueblo heroico y, además, mandar al matadero a muchos soldados franceses. Se arregló aquel problema de la mejor manera posible. Hoy Argelia y Francia mantienen buenas relaciones, y nosotros mantenemos inmejorables relaciones con el pueblo hermano de Argelia y buenas relaciones con Francia también.

Pero nosotros tenemos que estar preparados para no depender de las buenas relaciones de nadie. Y para eso hay que estudiar, hay que prepararse, porque sin una base tecnológica adecuada, los esfuerzos -por grandes que sean, por heroicos que sean- no nos permiten ir adelante con la suficiente velocidad.

Y, como siempre, mantener esa consigna que hace tiempo es ya la consigna de los jóvenes comunistas: «El estudio, el trabajo y el fusil.» Es decir, mantener siempre como tres banderas esa consigna de tres palabras, porque las tres tienen importancia en cada momento. Y para poder mantener nuestro derecho a vivir y a hablar con la autoridad de país revolucionario, tenemos que tener las tres: el trabajo, dirigiendo la construcción del socialismo; el estudio, para ir profundizando cada vez más nuestros conocimientos y nuestra capacidad de actuar; y el fusil, obviamente, para defender la Revolución.

No importa que los tiempos sean tiempos donde soplen vientos de fronda, donde las amenazas germinen día a día, donde los ataques piratas se desaten contra nosotros y contra otros pueblos del mundo; no importa que nos amenacen con que si Johnson o si Goldwater, es decir, «Juana, o su hermana»; no importa que cada día el imperialismo esté más agresivo, los pueblos que han decidido luchar por su libertad y mantener la libertad alcanzada, no se pueden dejar intimidad por eso. Y juntos construiremos la nueva vida, juntos -porque estamos juntos- nosotros aquí en Cuba, la Unión Soviética o la República Popular China allá, y Vietnam luchando en el sur de Asia.

De un tiempo a esta parte ha aumentado la agresividad imperialista; pero también por qué no pensar que sus razones tienen. Y tienen razones porque les es muy difícil competir con el ansia de los pueblos por liberarse. Ellos tratan de hundir en sangre todo movimiento de liberación; sin embargo, aquí en América hoy hay dos movimientos, por lo menos, asentados, que luchan y que le infligen derrota tras derrota al imperialismo; y son los movimientos de los pueblos de Guatemala y de Venezuela.

¿Y qué pasa en África? África, donde apenas hace un par de años fue asesinado y descuartizado el Primer Ministro del Congo; donde se establecieron los monopolios norteamericanos y empezó la pugna por tener el Congo. ¿Por qué? Porque allí hay cobre, porque allí hay minerales radiactivos, porque el Congo encierra riquezas estratégicas extraordinarias. Por eso asesinaron a un dirigente de su pueblo que tuvo la ingenuidad de creer en el derecho, sin darse cuenta que el derecho debe ser abonado por la fuerza. Y así, se convirtió en un mártir de su pueblo.

Pero su pueblo recogió esa bandera. Y hoy las tropas norteamericanos deben ir al Congo. ¿A qué? A meterse en otro Vietnam: a sufrir irremisiblemente otra derrota, no importa cuánto tiempo pase, pero la derrota llegará. Y el pueblo de África, un pueblo mediterráneo del África, está hoy tomando grandes extensiones de territorio -de un inmenso territorio- y aprestándose a una lucha que será larga, pero que será triunfante.

Y así en el noroeste de África, un pequeño país que los cables nombran muy poco, la llamada Guinea Portuguesa; sin embargo, más de la mitad de ese territorio ya está controlado por las Fuerzas de Liberación de Guinea e irremisiblemente se liberará como se liberará Angola, como se liberó un día Zanzíbar, de la cual decían los imperialistas que habían sido tropas cubanas las que habían estado allí; pero Zanzíbar es nuestro amigo, le dimos también nuestra pequeña ayuda, pero nuestra fraterna ayuda, nuestra revolucionaria ayuda, en el momento en que fue necesario hacerlo. Y en el Asia, Laos y Vietnam también luchan por su liberación, y también provoca la agresión del imperialismo norteamericano.

En cada lugar donde los pueblos se liberan, allí está el imperialismo. Eso no nos debe asustar. Puede tener consecuencias terribles para el mundo si se equivocan; pero no nos podemos dejar amedrentar con la posibilidad de que se equivoquen. Si se equivocan, millones de seres morirán en todos lados; pero la responsabilidad será de ellos, y su pueblo sufrirá también. Y cuando digo su pueblo estoy pensando en este momento en lo que los dirigentes de Norteamérica pueden pensar que es su pueblo, la pequeña élite que está alrededor de ellos que también sufrirá las consecuencias de una guerra atómica.

A nosotros eso no nos debe preocupar. No nos debe preocupar si Johnson o Goldwater; no nos debe preocupar la acción del enemigo sino en cuanto signifique una amenaza general para la paz del mundo, y preocuparnos con todos los pueblos del mundo por esas amenazas. Pero nosotros como país sabemos que dependemos de la gran fuerza de todos los países del mundo que forman el bloque socialista, y los pueblos que luchan por su liberación, y en la fuerza y cohesión de nuestro pueblo, allí, en la fuerza y cohesión de nuestro pueblo, en la decisión de luchar hasta el último hombre, hasta la última mujer, hasta el último ser humano capaz de empuñar un arma.

Esa garantía de nuestro pueblo es lo que hace saber al imperialismo que con nosotros -a pesar de nuestra pequeñez, de nuestra falta de fuerza física para defendernos- no se puede jugar.

Y todo esto orgullosos de representar lo que representamos para los movimientos del mundo, pero sin vanagloriarnos excesivamente y sin tener confianza excesiva en nuestras fuerzas; saber medir exactamente la magnitud de nuestra fuerza, y no dejarnos provocar nunca.

Hacer aquello que Fidel recomendó hace pocos días: tener la cabeza fría, que haya valor e inteligencia conjuntos, pero que ninguno de los dos supere uno al otro, que los dos vayan juntos. Y así podremos seguir manteniendo y consolidando nuestra posición de país que en el mundo habla con una voz propia y tiene algo que decir al mundo, de país que está dentro de la gran confraternidad de los países socialistas, que lo proclama con orgullo y que proclama también con orgullo el hablar aquí, en español, en el Continente americano, a 150 kilómetros de las playas norteamericanas, como el primer país que construye el socialismo en América.

Y para ustedes, compañeros, para ustedes que son la vanguardia de la vanguardia, para todos los que en el frente de trabajo han demostrado su espíritu de sacrificio, su espíritu comunista, su nueva actitud frente a la vida, debe valer siempre la frase de Fidel que ustedes insertaron en uno de los palcos de este recinto: «lo que fuimos en las horas de mortal peligro sepamos serlo también en la producción: ¡sepamos ser trabajadores de Patria o Muerte!»

Fuente: Che Guevara, Ernesto: Obras. 1957-1967, t. II, Casa de las Américas, La Habana, 1970.