Despedida a las Brigadas Internacionales de Trabajo voluntario.

Ernesto Che Guevara
26.Ene.08 :: Ernesto Che Guevara

Compañeros, ustedes, los Delegados de todos los países del mundo: debo darles las gracias, en nombre del pueblo cubano, y decirles sinceramente que hemos aprendido mucho de ustedes y que dejan un recuerdo imborrable; y manifestarles también que nosotros aspiramos a dejar en ustedes un recuerdo imborrable; y además de eso, aspiramos a que se aproveche de nosotros todo lo que se puede aprovechar, a que se analice en todos los lugares del mundo, donde sea necesario analizar, el por qué de las cosas; que se vayan mirando las teorías, revisándolas, analizándolas cuidadosamente, y que todo el mundo se pregunte si no se podrá ser feliz algún día, y cuál será ese medio para ser feliz.



30 de Septiembre de 1960

Compañeros de Cuba y de todos los países del mundo que vinieron a dar su mensaje de solidaridad con la Revolución cubana, en los contrafuertes de la Sierra Maestra:

Hoy es un día alegre, un día de juventud, pero también es un día triste de despedida. Hoy decimos hasta luego a los compañeros de todo el mundo que llegaron aquí a trabajar por la Revolución cubana, y a conocer esta Revolución y su pueblo. Trabajaron con todo el entusiasmo juvenil y revolucionario de que son capaces, y creo que, además, aprendieron a conocer a nuestro pueblo, un pueblo como cualquier otro, compuesto de millones de personas que forman hoy una masa unida y beligerante en la defensa de sus recién adquiridos derechos, y firmes hasta la muerte para mantenerlos y para seguir caminando hacia nuevas conquistas. (Aplausos).

Pecaríamos nosotros si pensáramos explicarle a cada uno de los compañeros que vino desde diversas partes del mundo, qué es una Revolución, y si pensáramos incitarlos a seguir este ejemplo, como si esto fuera único en el mundo.

Esto no es nada más, pero tampoco nada menos, que un pueblo que ha entrado en Revolución, y que está muy firmemente dentro de ella. Muchos de los jóvenes del mundo entero saben ya lo que es entrar en Revolución, como lo saben los cubanos, y saben también los resultados magníficos que obtiene el pueblo cuando se ha podido desligar de las trabas que han impedido su desarrollo.

Pero también, desgraciadamente, hay muchos compañeros de América y del mundo entero, que todavía no han podido ver a su pueblo entrar en Revolución. Todavía, quizás, no puedan explicarse bien cuál es el fenómeno histórico, por el cual Cuba, un país más colonizado que otro, no más explotado que otro, encontró, sin embargo, en su desesperación, la fuerza necesaria para empezar la lucha que rompería las cadenas. Y es, en verdad, difícil explicarlo, de acuerdo con las teorías conocidas, el por qué ha sido aquí, precisamente en Cuba, donde se dio el primer grito de libertad definitiva en América, y donde se pudo avanzar hasta el momento que vivimos. No pretenderemos tampoco explicarlo; no pretenderemos, tampoco, que este ejemplo cubano sea la única forma de realizar el anhelo del pueblo, que sea este camino de luchas el único y definitivo para alcanzar la felicidad verdadera, que es la libertad y el bienestar económico. Sin embargo muchas de las cosas que aquí hicimos, se pueden hacer en casi todos los países oprimidos; oprimidos, colonizados, semicolonizados, no subdesarrollados como nos llaman, porque nosotros no somos subdesarrollados. Estamos, simplemente, mal desarrollados, mal desarrollados porque el imperialismo hace tiempo que ocupó nuestras fuentes de materias primas y se dedicó a desarrollarlas de acuerdo con las necesidades imperiales.

No es necesario abundar en ejemplos. Ustedes conocen cómo es el azúcar de Cuba, cómo es el algodón de México o el petróleo de Venezuela, o el estaño de Bolivia, o el cobre de Chile, o la ganadería o el trigo argentino, o el café brasileño. Todos tenemos un denominador común: somos países de monoproducto, y tenemos también el denominador común de ser países de monomercado.

Ya sabemos, entonces, que en el camino de la liberación hay que luchar contra el monomercado primero, contra el monoproducto después, y diversificar el comercio exterior, y diversificar la producción interna. Y, hasta aquí, todo es sencillo. El problema es cómo hacerlo. ¿Se va a hacer vía parlamentaria; se va a hacer por la vía de los fusiles; se va a hacer por una mezcla de vía parlamentaria y vía de los fusiles? Yo no sé ni puedo responder exactamente a esa pregunta. Lo que sí puedo decirles es que las condiciones cubanas bajo la opresión imperialista, y bajo la opresión de sus títeres internos, no vimos otra salida para el pueblo cubano que la voz de los fusiles.

Y a quienes pregunten llenos de tecnicismos, por ejemplo, qué capital se necesita para iniciar una Reforma Agraria, le diríamos que no necesita; el único capital: el de un pueblo armado, consciente de sus derechos (aplausos). Con ese solo capital pudimos aquí en Cuba realizar nuestra reforma agraria, profundizarla, seguir adelante en ella, e iniciar el camino de la industrialización.

Naturalmente que no se puede resumir en una fórmula tan sencilla, todo el esfuerzo de un pueblo, porque esta es una lucha que ha costado sangre y sufrimiento, y que tratan los imperios del mundo de que siga costando más sangre y más sufrimiento. Por eso hay que unirse firmemente en torno a esos fusiles, en torno a la única voz que vaya guiando al pueblo entero hacia sus metas definitivas, unirse intransigentemente, no permitir que nada siembre la división, porque si los hermanos se pelean - decía Martín Fierro -, los devoran los de afuera. Y el imperio conoce bien esa máxima, que simplemente, el poeta la recogió del pueblo, el imperio sabe que hay que dividir para vencer. Así, nos dividió en países productores de café, de cobre, de petróleo, de estaño o de azúcar, y así nos dividió también en países que competían por un mercado en un solo país, bajando constantemente los precios, para poder, más fácilmente, derrotar uno a uno a esos países.

Es decir que la máxima que puede aplicarse a un pueblo, debe aplicarse también a todos los pueblos cuyo desarrollo no es completo. Tenemos que unirnos todos, todos los pueblos del mundo deben unirse para conseguir lo más sagrado, que es la libertad, que es el bienestar económico, que es el sentimiento de no tener absolutamente ningún problema insalvable por delante, y el saber que con el trabajo de todos los días, entusiasta y creador, podemos llegar a nuestras metas, sin que nada se cruce en el camino.

Pero existen los imperios que todos ustedes conocen, los imperios que conocemos nosotros, porque nos han explotado; los imperios que conocen, incluso los compañeros que han nacido en esos países, porque han vivido dentro del monstruo, y conocen lo terrible que es el vivir en esas condiciones, cuando se tiene fe en la esencia humana, y lo conocen, también todos los países amantes de la paz, que se ven hoy rodeados por un cerco de bases atómicas, sin poder cumplir totalmente sus deseos de desarrollo.

Todos los conocemos, y por eso nuestro deber común es el de tratar de unirnos aún por sobre los gobiernos que quieran separarnos, estrechar nuestras manos, no solamente los jóvenes, como lo hicimos aquí, sino también los hombres maduros, los viejos y los niños, en un solo haz de voluntades, para evitar hoy la más terrible de las guerras que amenazan a la humanidad, y para conseguir, también, esos anhelos tan deseados por todo el mundo. Pero cuando los pueblos que conocen todo esto, porque los pueblos no son ignorantes, quieren realizar esas uniones, empiezan, como le ocurrirá a muchos de ustedes, la presión de todos los países que tienen gobernantes vendidos para meterlos en la cárcel, para oprimirlos de cualquier manera, para hacerlos olvidar lo que aprendieron en un país libre, o para dar en ustedes mismos, el ejemplo que haga que los timoratos no se animen a seguir el camino de la dignidad.

Ya sucedió varias veces con quienes nos visitan de los países de América y desgraciadamente, seguirá sucediendo todavía. Muchos de ustedes tendrán dificultades, muchos de ustedes serán apostrofados como hombres de una ralea humana ínfima, aliados a extraños opresores extranjeros, aliados a lo más nefasto para destruir la democracia que llaman ellos, para destruir el modo de vida occidental. Ese modo de vida occidental que está representado aquí por el pueblo de Argelia que lucha, por todos los pueblos oprimidos que luchan y que son muertos día a día por alcanzar una felicidad que nunca ven llegar.

Por eso, no es sencillo el camino; no es ni siquiera sencillo el camino para los que, como nosotros, han podido cruzar la primera barrera y establecer al pueblo en el Gobierno. (Aplausos). Viene todavía una etapa muy dura, una etapa en que estas falsas democracias van castigando cada vez más al pueblo, y el pueblo va sintiendo cada vez más, la indignación y hasta el odio subir por todo su cuerpo, hasta convertirse en una ola humana que toma las armas, que lucha y que conquista el poder. Estamos, entonces, en que en las condiciones actuales de la humanidad, los países coloniales y semicoloniales. Los que tienen encima el yugo de gobiernos títeres de otros imperios, casi seguro, a la larga o a la corta, tendrán que empuñar las armas para establecer en el gobierno a representantes del pueblo, y unirse así a toda América, toda el África, toda el Asia, y todos juntos; América, Asia, Europa, en un solo mundo feliz. (Aplausos).

Pero verán muchas cosas, verán como es cierto que el imperialismo se quedó dormido en Cuba, pero que también se ha despertado, porque lo han despertado los gritos del pueblo; verán cómo se forman Policías, llamadas Internacionales, en las cuales se les da el liderazgo a aquellas que tengan más experiencia en la lucha anticomunista, es decir en nuestro ejemplo americano a los Estados Unidos, para empuñar las armas, o mejor dicho, para dar las armas que empuñarán nuestros hermanos de América e ir a luchar amparados en esa bandera de oprobios que es hoy la Organización de Estados Americanos, contra un pueblo que se rebele. Eso se verá en América y se verá dentro de poco tiempo. Se verá porque los pueblos se rebelarán, y se verá porque el imperio formará esos ejércitos. Pero la historia del mundo sigue andando, y veremos nosotros, o nuestros compañeros, si nos toca caer en la lucha, pero en esta generación, veremos cómo esos pueblos superan en la lucha aún a esos ejércitos armados por la potencia más bárbara de la tierra, y destrozan completamente al imperialismo.

Nosotros, los de esta generación, veremos definitivamente liberado al mundo (aplausos), aún cuando tengamos que pasar por los sufrimientos más grandes, por las más extraordinarias privaciones, y aún cuando en su locura pretendan desencadenar una guerra que no hará otra cosa que precipitar su fin. Pero si alguno de los pueblos logra su independencia sin pasar por esta lucha, y vuelve a preguntar, solamente la receta para desarrollarse en esta de unir el pueblo, de organizar con el capital de los fusiles y del pueblo las reformas sociales y económicas más profundas, hay que también decirles que es muy importante educar al pueblo, y que los pueblos se educan con una rapidez maravillosa.

A nosotros, los que nos ha tocado vivir esta experiencia tan rica en acontecimientos, como es la Revolución Cubana, nos conmueve ver cómo día a día nuestro pueblo va adquiriendo mayores conocimientos, mayor fe revolucionaria, mayor conciencia revolucionaria. Y si no, véanlo hoy en un simple ejemplo: se aplaudió aquí, calurosamente, a todas las Delegaciones de los países hermanos, pero tres Delegaciones ganaron nuestro aplauso más cálido, porque están en situaciones especiales: la Delegación del pueblo de los Estados Unidos de América; (aplausos) delegación que nunca debe confundirse con el Gobierno de los Estados Unidos de América, Delegación del pueblo que no conoce odios raciales y que no conoce diferencias de un individuo a otro por el color de la piel, o por su religión, o por su posición económica. Y también aplaudió calurosamente, a quien representa hoy, como nadie, el polo antitético, que es la Delegación de la República Popular China (aplausos). Y al mismo tiempo que aplaudía a dos pueblos, cuyos gobiernos están en lucha enconada, uno con todo su pueblo detrás; otro, engañando al pueblo, o contra su pueblo, aplaudía también fervorosamente, a la Delegación Argelina (aplausos), la Delegación Argelina que está escribiendo otra página maravillosa de la historia, luchando también como nosotros tuvimos que luchar en las montañas, pero soportando no una invasión de su suelo, por gente hija de su propio suelo, que por más bárbaros que sean siempre respetan algo, sino una invasión de tropas de un país extranjero, que están educándose para la matanza, educándose en el odio racial, educándose en la filosofía de la guerra.

Pero, éste pueblo pudo aplaudir también, generosamente, a la Delegación del pueblo de Francia, que tampoco representa a su Gobierno (aplausos). Pero nos preguntaremos nosotros: ¿un pueblo que sabe elegir tan bien los centros de su aplauso, que sabe encontrar la raíz política, y que sabe diferenciar exactamente entre gobiernos y pueblos, aún en momentos como este, en que se ha lanzado sobre la Delegación Cubana en la Organización de Naciones Unidas, por ejemplo, un odio feroz, una represión brutal, que llegó hasta el escarnio físico, no hablemos del escarnio oral; es que este pueblo ha hecho revolución porque es así? De ninguna manera. Este pueblo es así porque está en Revolución. Este pueblo ha aprendido en el ejercicio de los derechos revolucionarios durante estos pocos veinte meses de vida de la Revolución Cubana, todo lo que se expresa aquí, y todo lo que ustedes, Delegados del mundo entero, han podido ver y palpar en nuestra Isla.

La primera receta para educar al pueblo, cambiando entonces los términos, es hacerlo entrar en Revolución. Nunca pretendan educar un pueblo, para que, por medio de la educación solamente, y con un gobierno despótico encima, aprenda a conquistar sus derechos. Enséñenle, primero que nada, a conquistar sus derechos, y ese pueblo, cuando esté representado en el gobierno, aprenderá todo lo que se le enseñe, y mucho más: será el maestro de todos sin ningún esfuerzo. (Aplausos).

Con esas cosas que nosotros también, Gobierno Revolucionario, parte del pueblo, hemos aprendido desde estos lugares de dirigencia, preguntando siempre al pueblo, no separándonos nunca de él, porque el gobernante que se aísla en una torre de marfil y pretende dirigir al pueblo con fórmulas, está fracasado y va en el camino del despotismo.

Pueblo y gobierno deben ser siempre una sola cosa, y para todos ustedes, los compañeros de América y de los países coloniales que no han logrado su independencia, que nos visitan, sepan también que para dirigir al pueblo no hay que saber letras; que si se sabe letras, mejor, sí; que si se es filósofo y matemático, además, está bien. Pero para dirigir al pueblo hay que interpretarlo, y es mucho más fácil interpretar al pueblo, cuando se es parte misma de ese pueblo, cuando nunca por educación o por cualquier de las barreras que hoy nos separan se ha vivido aislado del pueblo.

Por eso nosotros tenemos un gobierno de obreros, de campesinos, y también de gente que sabía leer desde antes, pero que es la menos y que aprendió lo más en esta lucha.

Y ustedes tienen el ejemplo aquí, en los Jóvenes Rebelde (aplausos) Cuando el domingo escuchen ustedes la palabra del Comandante Joel Iglesias (aplausos), sepan que ese Comandante del Ejército Rebelde llegó a la Sierra con quince años, que apenas sabía leer y no sabia escribir nada; y que hoy puede dirigirse a toda la juventud, no porque se haya convertido ya en un filósofo, en un año y medio, sino porque puede hablar al pueblo y porque es parte misma del pueblo y porque siente lo que todos ustedes sienten todos los días, y lo sabe expresar, sabe llegar hasta ustedes.

Si los gobiernos se forman de hombres como esos, mucho mejor. Por eso desde aquí, felicitamos a los gobiernos del mundo cuyos gobernantes han sufrido en el seno del pueblo, han aprendido sus letras en el curso de la lucha y están hoy, como siempre, identificados con los pueblos (Aplausos).

Ustedes han venido aquí, los compañeros del mundo, a conocernos ya a trabajar por nosotros; pero también, a pesar de todas las enseñanzas que ustedes nos traen, pueden siempre aprender algo nuevo; y de nuevo, todos los compañeros de países que no han vivido esta experiencia y que se preparan para vivirla, porque esto es parte de la Historia y la Historia no se puede cambiar.

Hay muchas cosas que aprender de Cuba, no solamente las buenas, las que todos los días se ven, las que muestran el entusiasmo y el fervor del pueblo; también pueden aprender de las cosas malas, también pueden aprender, para que un día, cuando tengan que gobernar, no cometan errores como nosotros los hemos cometido; para que aprendan que la organización debe estar íntimamente ligada a la victoria del pueblo; que cuanto más profunda sea esa organización, más fácil será la victoria.

Ustedes fueron a trabajar, a construir una Ciudad Escolar, y cuando llegaron no estaba todo organizado; estaba la Ciudad Escolar en receso, y no pudieron acabar ese pequeño monumento a la solidaridad humana que querían ustedes dejar allí. Es una lástima, aunque para nosotros vale tanto así como está como si hubieran construido el más precioso de los castillos; pero es también una enseñanza de que la organización es importante, de que no se puede pensar en que el revolucionario es un ser celestial, que cae a la tierra por la gracia de Dios, que abre sus brazos, empieza la Revolución, y que todos los problemas se resuelven cuando surgen, simplemente por esa gracia del Iluminado. El revolucionario tiene que ser un trabajador infatigable, y además de infatigable, organizado; y si en vez de aprender con los golpes de la lucha, como hemos aprendido nosotros, llevan ya a la lucha revolucionaria esa experiencia previa de la organización, tanto mejor para los países donde les toque a ustedes luchar por la Revolución. Esa es una de las enseñanzas que pueden sacar aquí, y que la pueden sacar en este ejemplo específico precisamente porque nosotros no pudimos brindársela positivamente.

Pero, naturalmente, en muchos otros ramos de la economía del país no hemos cometido ese pecado. Nosotros aprendimos también desde los primeros días de la lucha que había que organizarse, y por eso ya está apenas acabando el segundo año de la Revolución y nosotros nos preparamos para salir con nuestro primer plan bien organizado de desarrollo, para establecerlo con todo entusiasmo, junto con el pueblo entero. Porque un plan de desarrollo ambicioso, que pretende poner en tensión las fuerzas completas del pueblo no puede estar divorciado de él, deben hacerse juntos, para que todo el mundo lo comprenda, para que todo el mundo capte su esencia y todo el mundo ponga entonces su hombro para esa tarea.

Otra vez más, también, seremos entonces en América el primer país que pueda decir con orgullo que tiene un plan de desarrollo económico y, además de eso, que es lo más importante, un plan que se va a cumplir; y un plan que haremos todo lo posible por sobrepasarlo incluso. (Aplausos).

¿Por qué necesitamos ese plan? Para nosotros también es algo nuevo; porque, precisamente, nosotros siempre tenemos que pensar en todas las cosas que no nos lleguen bien al entendimiento, ¿qué es lo que quiere el enemigo que hagamos?, y analizar por qué quiere que lo hagamos; y, entonces, hacer lo contrario. Si el enemigo no quiere que planifiquemos, no quiere que nos organicemos, no quiere que estatalicemos nuestra economía, y lucha con todas sus fuerzas contra eso, ¿por qué? : porque en la anarquía de la producción capitalista es donde ellos sacan precisamente el jugo al pueblo trabajador, y donde crean, además, las mentalidades que hacen que todo el mundo, todo hombre, se convierta en lobo del hombre; que cada uno trate de luchar solo, dando codazos y patadas, y cabezazos, para tratar de sobresalir sobre los demás, sin darse cuenta que si todos fueran juntos y ordenados harían una fuerza enorme lo y podrían avanzar mucho más, con beneficio para todos. (Aplausos).

Claro que hay siempre, hay siempre unos cuantos, los que miran los toros desde la barrera, los que están alejados del esfuerzo y del trabajo cotidiano, que se insultan cuando escuchan estas cosas, que dan exclamaciones terribles y que hablan entonces de la sacrosanta propiedad privada. Y ¿qué ha sido esa propiedad privada, en términos de grandes monopolios - no hablemos del pequeño industrial o comerciante, pero en términos de grandes monopolios - sino precisamente la destructora no solamente de nuestra fuerza, sino aun de nuestra nacionalidad y de nuestra cultura? Ese monopolio, que es el arquetipo de la propiedad privada, el arquetipo de la lucha del hombre contra el hombre, es el arma imperial que divide, que explota, y que degenera al pueblo. Ese es el que da productos más baratos, pero de una calidad ínfima o innecesarios; el que, vende su cultura en forma de películas, de novelas o de cuentos para niños, con toda la intención de ir creando en nosotros una mentalidad diferente. Porque ellos tienen su estrategia; la estrategia del dejar hacer, la estrategia del esfuerzo individual frente al esfuerzo colectivo; el llamado a esa partícula de egoísmo que existe en el hombre, para que sobresalga sobre los demás. Y además de eso, el llamado también a esa partícula, a ese pequeño complejo de superioridad que todos los hombres tienen, que los hacen creer que son mejores que los otros hombres. Y entonces, el monopolio inculca desde pequeño que a él, que es mejor y más trabajador, le conviene luchar individualmente contra todos ganarlos a todos y convertirse también en un explotador.
Se preocupan mucho de demostrar que el esfuerzo colectivo es esclavizador y que no permite superarse a los más inteligentes o a los más aptos; como si el pueblo estuviera integrado por más inteligentes o por más aptos; como si el pueblo no fuera nada más que una gran masa de voluntades y de corazones que aproximadamente tienen todos la misma capacidad de trabajo, el mismo espíritu de sacrificio y la misma inteligencia.

Ellos llegan allí, donde está la masa indiferenciada y tratan de dividirlos; en negros y en blancos, en más capaces y menos capaces, en alfabetos y analfabetos; y, después, ir subdividiéndolos, hasta lograr el individuo y hacer del individuo el centro de la sociedad.

Naturalmente que por sobre esos individuos que ellos muestran, están los monopolios, que también son colectivos pero son los colectivos de la explotación. Y nosotros tenemos que demostrar al pueblo que su fuerza está en no creerse más ni mejor que los demás, en conocer sus propias delimitaciones y en conocer también la fuerza de la unión; en saber que siempre dos empujan más que uno, y diez más que dos, y cien más que diez, ¡Y seis millones más que cien! (Aplausos).

Compañeros, ustedes, los Delegados de todos los países del mundo: debo darles las gracias, en nombre del pueblo cubano, y decirles sinceramente que hemos aprendido mucho de ustedes y que dejan un recuerdo imborrable; y manifestarles también que nosotros aspiramos a dejar en ustedes un recuerdo imborrable; y además de eso, aspiramos a que se aproveche de nosotros todo lo que se puede aprovechar, a que se analice en todos los lugares del mundo, donde sea necesario analizar, el por qué de las cosas; que se vayan mirando las teorías, revisándolas, analizándolas cuidadosamente, y que todo el mundo se pregunte si no se podrá ser feliz algún día, y cuál será ese medio para ser feliz.

No pretendemos nosotros darles esto como ejemplo. Lo damos simplemente, lo ofrecemos con los brazos abiertos como un hecho histórico. Si alguien puede sacar de aquí enseñanzas que mejore, aunque sea en una mínima parte, otro sector de la población del mundo, nos consideramos satisfechos. Pero aun cuando no sirviéramos para eso, de todas maneras nos consideraríamos felices, si al deambular nosotros a veces por otras partes del mundo, nos encontramos con las manos amigas de ustedes que recuerden estos dos meses de estancia en Cuba. (Aplausos).

Nosotros, compañeros, los recordamos muy gratamente.
Deseamos de nuevo otros encuentros con ustedes; los invitamos a visitar nuestro país cuantas veces quieran para trabajar en él, para aprender en él, simplemente para verlo de nuevo, y los despedimos con un abrazo de hermano y con un ¡hasta luego! (Ovación)

Fuente: Centro de Estudios Che Guevara.