Celulosa, celulosa, celulosa…

12.Abr.06    Opinión Guevarista
   

¡¡¡PLANTAS DE CELULOSA EN URUGUAY!!! Esto no es una pesadilla, es realmente una nefasta realidad. Realidad gracias a la herencia maldita de gobiernos anteriores como el de Lacalle o Sanguinetti y también a la confirmación del continuismo neoliberal del socialdemócrata Tabaré Vázquez.


Es en esta actitud de continuidad que se instala el debate, se sigue dando beneficios a empresas extranjeras. Estás al ser desplazadas del continente europeo como Botnia (Finlandesa) y Ence (Española) por tener una producción de celulosa altamente perjudicial para el medio ambiente buscan nuevas tierras que contaminar. Pese a los dichos de ambas transnacionales de buscar la mejor tecnología para la producción y la menor contaminación, se sabe que es una mentira, porque éstas van a producir dejando compuestos organoclorados, dioxinas, descargas de nitrógeno al río Uruguay de 200 toneladas anuales y fósforo de unas 20 toneladas, además de producir con tecnología ECF (elemental libre de cloro) en vez de la TCF (totalmente libre de cloro) exigida en Europa. Podríamos seguir enumerando impactos ambientales que sin duda son importantes, pero también le queremos dedicar especial importancia a las características que el gobierno progresista le quiere dar en el plano económico a estas inversiones.
Según los gobernantes, estas plantas de celulosa van a dejar una inversión muy importante, además de crear fuentes de trabajo. Pero ¿Cuál es la entrada de dinero real que va a tener nuestra economía si estas plantas y sus respectivos puertos van a ser instaladas en zonas francas? Las que de acuerdo con la ley 15921 aprobada el 10 de diciembre de 1987 por el gobierno de Sanguinetti, tienen como objetivo beneficiar a toda empresa extranjera y no nacional, con una serie de exenciones tributarias y otros beneficios. Entre otras cosas, los usuarios de las zonas francas están exentos de todo tributo nacional creado o a crearse.
A todo esto podemos anexarle que ninguna empresa transnacional se instala en un lugar para generar puestos de trabajo, sino que por su contrario buscan la mejor rentabilidad. Los puestos de trabajo reales directos que se generan son pocos y los indirectos, que son la mayoría, son en la etapa de construcción de planta, en las zonas forestadas como trabajo de monteador, dependiendo de empresas privadas y con salarios miserables y condiciones de seguridad pésimas. Además generan menos puestos de trabajo que otras actividades rurales, según datos de Censo Agropecuario.
Este gobierno sigue apostando al monocultivo y fomenta la extranjerización de la tierra por parte de sociedades anónimas, que ya tienen en sus manos 2 de los 16 millones de hectáreas de la tierra productiva del país y siguen adelante. Una vez más está en juego nuestra soberanía, porque se está regalando la tierra y el país al bajo precio de la necesidad.
Además de lo antes expuesto, la forestación tiene otros impactos negativos para nuestra economía, como el desplazamiento de otras actividades como la ganadería, agricultura diversificada y el turismo, sumándosele el deterioro de los suelos que quedan inutilizables por un lapso de 20 años.
Entonces, ¿dónde está el “país productivo” que nos cuentan? ¡Que no nos cuenten más nada! Los jóvenes no tenemos ningún futuro en estas condiciones, lo que queremos es un país productivo pero que esté al servicio de la clase trabajadora, no de las burguesías. Un país donde los jóvenes podamos desarrollarnos con vistas a una sociedad sin explotados ni explotadores. Nuestra tarea es, entonces, transformarla.

Publicado en CONVICCIONES N°5, de abril de 2006