Mensaje al 1er. Congreso Latinoamericano de Juventudes

Ernesto \’Che\’ Guevara
20.Sep.07 :: Ernesto Che Guevara

Discurso en el acto de apertura del Primer Congreso Latinoamericano de Juventudes, 28 de julio de 1960.



Compañeros de América y del mundo entero:
Sería largo enumerar ahora el saludo individual que nuestra patria da a cada uno de ustedes, y a cada uno de los países que representan. Queremos, sin embargo, hacer un distingo con algunas personas representantes de países castigados por catástrofes de la naturaleza o por catástrofes del imperialismo. Queremos saludar especialmente esta noche, al representante del pueblo de Chile, Clotario Blestz, cuya voz juvenil ustedes escucharon hace un momento, y cuya madurez, sin embargo, puede servir de ejemplo y de guía a nuestros hermanos trabajadores de ese sufrido pueblo, que ha sido castigado por uno de los más terribles terremotos de la historia. Queremos saludar especialmente, también, a Jacobo Árbenz, (1) Presidente de la primera nación latinoamericana que levantó su voz, sin miedo, contra el colonialismo, y que expresó, en una reforma agraria profunda y valiente, el anhelo de sus masas campesinas. Y queremos agradecer también, en él, y en la democracia que sucumbió, el ejemplo que nos diera y la apreciación correcta de todas las debilidades que no pudo superar aquel gobierno, para ir nosotros a la raíz de la cuestión y decapitar de un solo tajo a los que tienen el poder y a los esbirros de los que tienen el poder.
Y queremos saludar también a dos de las delegaciones más sufridas, quizás, de América: a la de Puerto Rico que todavía hoy, después de 150 años de haberse declarado la libertad por primera vez, en América, sigue luchando por dar el primer paso, el más difícil quizás, el de lograr, al menos formalmente, un gobierno libre. Y quisiera que los delegados de Puerto Rico llevaran mi saludo y el de Cuba entera, a Pedro Albizu Campos2, quisiéramos que le transmitieran a Pedro Albizu Campos toda nuestra emocionada cordialidad, todo nuestro reconocimiento por el camino que enseñara con su valor, y toda nuestra fraternidad de hombres libres hacia un hombre libre, a pesar de estar en una mazmorra de la sediciente democracia norteamericana. Pero quisiera también saludar hoy, por paradójico que parezca, a la delegación que representa lo más puro del pueblo norteamericano. Y quisiera saludarla, porque no solamente el pueblo norteamericano no es culpable de la barbarie y de la injusticia de sus gobernantes, sino que también es víctima ¡inocente de la ira de todos los pueblos del mundo, que se confunden a veces un sistema social con un pueblo.
Por eso, a las distinguidas personalidades que he nombrado, y a las delegaciones de los pueblos hermanos que he nombrado, va mi saludo individualizado, aunque mis brazos y los brazos de toda Cuba están abiertos para recibir a ustedes, y para mostrarles aquí lo que hay de bueno y lo que hay de malo, lo que se ha logrado y lo que está por lograrse, el camino recorrido y lo que falta por recorrer. Porque aun cuando todos ustedes vengan a deliberar, en nombre de sus respectivos países, en este Congreso de la Juventud Latinoamericana, cada uno de ustedes -y de eso estoy seguro- vino acicateado por la curiosidad de conocer exactamente qué cosa era este fenómeno nacido en una isla del Caribe, que se llama hoy Revolución cubana.
Pero todo esto no surgió de la noche a la mañana, y permítanme ustedes que les cuente algo de mi experiencia, experiencia que puede servir a muchos pueblos en circunstancias parecidas, para que tengan una idea dinámica de cómo surgió este pensamiento revolucionario de hoy, porque la Revolución cubana de hoy, continuadora sí, no es la Revolución cubana de ayer, aun después de la victoria, y mucho menos es la insurrección cubana antes de la victoria; de aquellos jóvenes que en un número de ochenta y dos cruzaron en un barco que hacía agua las difíciles zonas del Golfo de México, para arribar a las costas de la Sierra Maestra, a estos representantes de la Cuba de hoy, hay una distancia que no se mide por años, o por lo menos no se mide por años en la forma correcta de hacerlo, con sus días de veinticuatro horas y sus horas de sesenta minutos. Todos los miembros del gobierno cubano, jóvenes de edad, jóvenes de carácter y de ilusiones, han, sin embargo, madurado en la extraordinaria universidad de la experiencia y en contacto vivo con el pueblo, con sus necesidades y con sus anhelos. Todos nosotros pensamos llegar un día a algún lugar de Cuba y tras de algunos gritos y algunas acciones heroicas y tras de algunos muertos y algunos mítines radiales tomar el poder y expulsar al dictador Batista. La historia nos enseñó que era mucho más difícil que eso derrotar a todo un gobierno respaldado por un ejército de asesinos, que además de ser asesinos, eran socios de ese gobierno y respaldados en definitiva por la más grande fuerza colonial de toda la tierra.
Y fue así como poco a poco cambiaron todos nuestros conceptos. Como nosotros, hijos de las ciudades, aprendimos a respetar al campesino, a respetar su sentido de la independencia, a respetar su lealtad, a reconocer sus anhelos centenarios por la tierra que le había sido arrebatada y a reconocer su experiencia en los mil caminos del monte. Y como los campesinos aprendieron de nosotros el valor que tiene un hombre, cuando en sus manos hay un fusil y cuando ese fusil está dispuesto a disparar contra otro hombre, por más fusiles que acompañen a este otro hombre.
Los campesinos nos enseñaron su sabiduría y nosotros enseñamos nuestro sentido de la rebeldía a los campesinos. Y desde ese momento hasta ahora y para siempre, los campesinos de Cuba y las fuerzas rebeldes de Cuba, y hoy el Gobierno Revolucionario cubano, marchan unidos como un solo hombre.
Pero siguió progresando la Revolución y expulsamos de las abruptas laderas de la Sierra Maestra a las tropas de la dictadura, y llegamos entonces a tropezamos con otra realidad cubana, que era el obrero, el trabajador, ya sea el obrero agrícola o el obrero de los centros industriales y aprendimos de él también y también le enseñamos que en un momento dado, mucho más fuerte y positivo que la más fuerte y positiva de las manifestaciones pacíficas, es un tiro bien dado a quien se le debe dar. Aprendimos el valor de la organización, pero enseñamos de nuevo el valor de la rebeldía y de ese resultado surgió la rebeldía organizada por todo el territorio de Cuba. Ya había transcurrido mucho tiempo y ya muchas muertes, muchas de ellas combativas y otras ¡inocentes, jalonaban el camino de nuestra victoria. Las fuerzas imperialistas empezaron a ver que en lo alto de la Sierra Maestra había algo más que un grupo de bandoleros o algo más que un grupo de ambiciosos asaltantes del poder; sus bombas, sus balas, sus aviones y sus tanques fueron dados generosamente a la dictadura y con ellos de vanguardia pretendieron volver a subir, y por última vez, la Sierra Maestra. A pesar del tiempo transcurrido, a pesar de que ya columnas de nuestras fuerzas rebeldes habían partido a invadir otras regiones de Cuba y estaba formado ya el Segundo Frente Oriental “Frank País”, bajo las órdenes del comandante Raúl Castro, a pesar de todo eso, de nuestra fuerza en la opinión pública, de que éramos ya materia de cintillos de periódicos en sus secciones internacionales en todos los lados del mundo, la Revolución cubana contaba con doscientos fusiles, no con doscientos hombres, pero sí con doscientos fusiles para detener la última ofensiva del régimen, en la cual acumuló diez mil soldados y toda clase de instrumento de muerte, y la historia de cada uno de esos doscientos fusiles es una historia de sacrificio y de sangre, porque eran fusiles del imperialismo, que la sangre y la decisión de nuestros mártires habían dignificado y convertido en fusiles del pueblo. Y así se desarrolló la última etapa de la gran ofensiva del ejército, que llamaron ellos “de cerco y aniquilamiento”.
Después siguió una historia de invasiones hacia occidente, de ruptura de las vías de comunicaciones y de aplastante caída de la dictadura, cuando nadie lo esperaba. Llegó entonces el Primero de Enero. Y la Revolución de nuevo, sin pensar en lo que había leído,, pero oyendo lo que tenía que hacer de labios del pueblo, decidió primero y antes que nada, castigar a los culpables y los castigó.
[ …] la ley de Reforma Agraria aprobada, era mucho más violenta y mucho más profunda que lo que habían aconsejado los sesudos autoconsejeros del gobierno -todos ellos, entre paréntesis, están hoy en Miami o en alguna otra ciudad de Estados Unidos”. Pepín Rivero (3) en el Diario de la Marina o Medrano (4) en Prensa Libre (…) o había más, había incluso un primer ministro en nuestro gobierno que aconsejaba mucha moderación, porque “estas cosas hay que tratarlas con moderación”. (5)
La “moderación” es otra de las palabras que les gusta usar a los agentes de la colonia, son moderados, todos los que tienen miedo o todos los que piensan traicionar de alguna forma (…) El pueblo no es de ninguna manera moderado. Ellos aconsejaban repartir marabú, que es un arbusto que crece en nuestros campos y que los campesinos con sus machetes tumbaran ese marabú o se aposentaran en alguna ciénaga o agarraran algún pedazo de tierra del Estado, que todavía hubiera escapado a la voracidad de los latifundistas; pero tocar la tierra de los latifundistas era un pecado que estaba por encima de lo que ellos podían pensar que fuera posible. Pero fue posible. Esa es una de nuestras grandes fuerzas: las fuerzas que se mueven en todo el mundo y que olvidan todas las banderías particulares de las luchas políticas nacionales, para defender, en un momento dado, a la Revolución cubana. Y me permitiría decirlo, que es un deber de la juventud de América, porque esto que hay aquí es algo nuevo, y es algo digno de estudio. No quiero decirles yo lo que tiene de bueno: ustedes podrán constatar lo que tiene de bueno.
Que tiene mucho de malo (…) lo sé; que hay mucha desorganización aquí (…) yo lo sé. Todos ustedes ya lo sabrán, quizás, si han ido a la Sierra. Que hay guerrillismo todavía (…) yo lo sé. Que aquí faltan técnicos en cantidades fabulosas de acuerdo con nuestras pretensiones (…) yo lo sé. Que todavía nuestro ejército no ha alcanzado el grado de madurez necesaria, ni los milicianos han alcanzado la suficiente coordinación para constituirse en un ejército (…) yo lo sé. Pero lo que yo sé, y quisiera que todos ustedes supieran, es que esta Revolución se hizo siempre contando con la voluntad de todo el pueblo de Cuba, y que cada campesino y cada obrero, si maneja mal el fusil, está trabajando todos los días para manejarlo mejor, para defender su Revolución. Y si no puede en este momento entender el complicado mecanismo de una máquina cuyo técnico se fue ya a los Estados Unidos, lo estudia todos los días para aprenderlo, para que su fábrica ande mejor.
Y todos los cubanos, de las ciudades y del campo, hermanados en un solo sentimiento, van siempre hacia el futuro, pensando con una unidad absoluta, dirigidos por un líder en el que tienen la más absoluta confianza, porque ha demostrado en mil batallas y en mil ocasiones diferentes, su capacidad de sacrificio, y la potencia y la clarividencia de su pensamiento.

(1) Jacobo Árbenz Guzmán, Presidente constitucional de Guatemala, derrocado en 1954 por
Un golpe de Estado, encabezado por el ex coronel Carlos Castillo Armas, con el apoyo directo de efectivos militares norteamericanos.
(2) Pedro Albizu Campos, abogado y político puertorriqueño, líder del movimiento proindepencia de Puerto Rico, fallecido en 1965.
(3) Pepín Rivero, director del Diario de la Marina, vocero de la oligarquía comercial e industrial cubana desde los días de la colonia hasta la república neocolonial. Al triunfo de la Revolución, sus editoriales reflejaron sistemáticamente la oposición de la burguesía a las transformaciones revolucionarias.
(4) Humberto Medrano, periodista, quien fue subdirector del periódico reaccionario Prensa Libre.
(5) Se refiere a José Miró Cardona, cabecilla, en Estados Unidos, de actividades contra-revolucionarias y quién presdió el Consejo organizado por la CÍA durante la agresión a Playa Girón en abril de 1961.