1 de marzo 2020, traspaso de gobierno. El FA recicla derechas

01.Mar.20    General
   

1 de marzo de 2020, traspaso de gobierno. Como ya denunciamos desde hace décadas, la socialdemocracia frenteamplista llega al clímax de su tarea de reciclar la derecha


Este 1 de marzo vuelve a asumir el gobierno el Partido Nacional, mas particularmente el herrerismo, y justamente en la figura de Luis Lacalle, hijo del último presidente de ese sector político, quien llevara adelante una feroz política neoliberal en los años 90.

Ese mismo sector político que había sido duramente castigado por el electorado en las sucesivas elecciones, hasta que el FA llegara al gobierno, hoy asume y no de cualquier manera.

A Lacalle le tomará el juramento como presidente el senador José Mujica y le entregará la banda presidencial Tabaré Vázquez. Las dos máximas figuras del FA en las últimas décadas protagonizan el clímax de la democracia burguesa, la alternancia en el gobierno entre la socialdemocracia y la derecha tradicional.

 

La práctica social vuelve a confirmar una vez más una verdad explicada ampliamente por el marxismo que se reduce a una afirmación muy simple, la función histórica de la socialdemocracia es reciclar la derecha, es asegurar el funcionamiento del sistema democrático burgués, es decir, es asegurar la continuidad de la dictadura de clase burguesa.

 

La socialdemocracia ahora pasa a ser oposición nuevamente y nuevamente pretende arrastrar al movimiento obrero y popular tras su política de conciliación de clases y su intento de volver al gobierno dentro de cinco años, en el nuevo proceso electoral.

 

En esta coyuntura nos parece un aporte importante retomar los planteos que el MRO realizaba en 1993, año en el cual se anunciaba nuestra separación del FA.

En nuestro acto aniversario de ese año planteábamos:

 

“Para ser consecuentemente frenteamplista de primera hora hay que irse del FA.

Para desarrollar un frente revolucionario de masas hay que irse del FA.

No queda nada del acuerdo fundacional y de su programa anti oligárquico y antiimperialista.

La declaración constitutiva del FA en el 71 estampaba: “expresamos nuestro convencimiento de que la construcción de una sociedad justa, con sentido nacional y progresista, liberada de la tutela imperial, es imposible en los esquemas de un régimen dominado por el gran capital”

En otra parte dice: “la ruptura con este sistema es una condición ineludible de un proceso de cambio”

Más adelante dice: “La insurgencia de los pueblos habrá de desembocar en la conquista de la segunda y definitiva emancipación”

Sigue: “Plantearse la lucha en todos los campos, tanto en la oposición como en el gobierno”

“Un programa de contenido democrático y antiimperialista que establezca el control y la dirección planificada y nacionalizada de los puntos clave del sistema económico…”

A 22 años de esta declaración, otro FA existe, tras un pasado de sacrificios y lucha, un presente de renunciamientos y conciliaciones.

(…)

El FA, conducido por la mayoría reformista no es una fuerza política capaz de llevar hasta las últimas consecuencias las transformaciones revolucionarias en cuanto a la tenencia de la tierra, de la industria, de la banca y del no pago de la deuda externa.

Este FA, ahora, es dique de contención a la lucha de clases, imbuida su dirigencia mayoritaria de un reformismo militante pues ha desalentado las luchas populares, ha vaciado de participación a las agrupaciones de base. Hoy aquel FA, que se caracterizaba por una activa participación de la militancia en los comités de base, es historia. Solo queda un organismo cupular con una mayoría que desconoce la democracia interna e incluso no acata algunas resoluciones de organismos como el plenario nacional o el congreso.

Toda la movilización política tiene un norte: la estrategia electoralista, las luchas son conducidas al parlamento para que los legisladores frenteamplistas durante los conflictos, elaboren leyes que nunca se votan y que buscan el protagonismo de futuros candidatos.

El parlamentarismo y las alabanzas a la actual democracia burguesa, recortada, tutelada, limitada, es la única vía declarada para los grandes cambios. Con esto forjan una falsa expectativa y no se prepara al pueblo para la indefectible alternativa de enfrentar la violencia que desatan los privilegiados, cuando ven amenazados sus intereses.

(…)

No se busca la construcción de un poder popular, se apetece el gobierno, aunque el precio sea arriar banderas que mantienen su total vigencia, porque están vivas en las necesidades populares

Hablamos sostenido desde el inicio de las discusiones en torno al referéndum, sobre la ley de empresas públicas y a lo largo del año anterior, que por esta vía no se iba a acumular hacia un programa anti oligárquico y antiimperialista y menos para el desarrollo de las luchas populares, pues lejos de vincular los conflictos con el impulso del trabajo del referéndum se iban a frenar todas las luchas en aras de ese proceso y así fue.

El peligro de un referéndum hegemonizado por las fuerzas socialdemócratas, era que estas fuerzas tenían que ofrecer ciertas garantías a la clase dominante ante la eventualidad del triunfo: la primera y fundamental, que el resultado fuera negociable. Que no sería utilizado para profundizar las luchas populares en una perspectiva de cerco y aniquilamiento del proyecto burgués neoliberal, con la consiguiente tensión institucional por las luchas sociales, elecciones anticipadas o el autoritarismo (gobierno bajo decreto por medidas prontas de seguridad)

Eso no, que estuviera tranquilo Lacalle que este sistema de explotación y miseria e injusticia no sería vulnerado. Se le darían todas las garantías.

Sobran antecedentes, tales como: el apoyo a los comunicados 4 y 7; la confianza en los “sectores democráticos” de las FFAA para frenar el golpe del 73, el lanzamiento de la huelga general con ocupación de los lugares de trabajo sin tener en cuenta que se lanzaban obreros desarmados contra bayonetas y que esa medida solo toma sentido como antesala de un proceso insurreccional, el pacto del Club Naval; la concertación programática, los acuerdos con Sanguinetti, etc. en definitiva la conciliación de clases.

Ante la posibilidad de que el referéndum acerca de las privatizaciones fuera derrotado, la socialdemocracia iba a embarcarse en una rebaja del programa, una rebaja en los principios de la defensa del patrimonio nacional y estatal emanados de sendos congresos del PIT-CNT y el FA. Así, quedaban por el camino ILPE, PLUNA, etc.; pues la defensa de todo el patrimonio nacional no concitaría la adhesión de otros sectores que habían aprobado artículos de la ley de empresas públicas. Se dividía el movimiento obrero y popular y se dejaban por el camino, sin defender, algunas fuentes de trabajo.

Mientras que en los hechos se modificaba el programa asumido por las bases del movimiento obrero y del FA, la cúpula de éste comenzaba una campaña de “educación política” a través de sus principales líderes. En entrevistas, participación en foros internacionales, etc.; así, Tabaré Vázquez se pronuncia en que no hay que tocar la banca; no hay que tocar el latifundio, rechaza todo tipo de violencia; dice que hay que hacer eficiente el mercado, que hay que privatizar, convirtiendo algunas empresas del estado en empresas mixtas, etc.

Se rebaja y se modifica el programa con impunidad y antojo

Reiteradamente en las disputas televisivas afloran conceptos acerca de las bondades del capital extranjero, de la economía de mercado, de la eficiencia de la iniciativa privada, mezclados con los argumentos para defender el patrimonio estatal.

También la conducción socialdemócrata mayoritaria impulsaría una política de alianzas sin habérselo consultado a las bases, como lo mandaba el II Congreso. Se procede a rejunta políticos desvalorizados frente al pueblo en la obligación de hacerlos creíbles nuevamente.

Así, un presunto delincuente como Tavares, defiende el patrimonio nacional, un representante de la dictadura terrorista de estado y de escuadrones de la muerte como Millor comparte los paneles junto a dirigentes frenteamplistas que fueron presos y torturados por la dictadura; García Pintos, vocero de las carapintadas criollas, esos que andan metiendo bombas por todos lados y asesinando a militantes revolucionarios, es ahora un digno representante de los defensores del Patrimonio Nacional. Uno de los ideólogos de la ley de impunidad, como Zumarán, que, de haber sido mayoría dentro del Partido nacional, hoy estaría haciendo lo mismo que Lacalle, resulta que se acuerda del patrimonio del Estado. El Nuevo Espacio, que votó la privatización del puerto, viene ahora al rescate de la soberanía nacional.

Pero lo que asombra, sin duda, son los coqueteos con Sanguinetti. El hombre mesiánico del período de transición, el del caballo del comisario, que aceptó ser presidente estando Ferreira Aldunate y los dirigentes y partidos frenteamplistas proscriptos. El que manifestó que ningún sindicato le había ganado un conflicto a su gobierno, el abogado de las multinacionales, el que recibiera el formidable voto castigo de la gente en 1989, el neoliberal… hoy ha pegado una pirueta en el aire y de neoliberal pasó a socialdemócrata. Es la última adquisición informal de la internacional socialdemócrata, a la que el Foro Batllista concurrió en su reunión en Alemania, últimamente, acompañando al PGP y al PS. Allí, bajos los auspicios de la Internacional, se arma la coalición socialdemócrata.

El proyecto socialdemócrata dispone hoy de todos los elementos para ser gobierno, pues para ellos e necesita un partido, un frente, un ejército y una internacional. Y la socialdemocracia tiene acá en nuestro país en la combinación PS-PGP, el partido para llevar adelante el “capitalismo humano”.

El tema del ejército está solucionado. Se toma el de los torturadores y asesinos impunes, según ellos se les domestica para que queden sujetos al poder civil. La coalición se forma con Sanguinetti, Millor, Nin Novoa, Riet Correa, Valiant, PDC y tantos otros que husmean continuamente para donde sopla el viento, pero no el de la historia, sin el de la oportunidad.

La socialdemocracia intenta cierta vigencia, pues han pedido su ingreso el Frente Sandinista, el M 19 de Colombia y ahora un sector del Farabundo Martí por la Liberación Nacional y junto a las burocracias restauradoras de Europa del Este han asumido su rol de auxiliares de la burguesía. Todo indica que nuestro pueblo, influenciado por estas direcciones oportunistas, será llevado a transitar por esta frustrante experiencia.

Esta experiencia frustrante a la que se embarca el pueblo, tiene frescos ejemplos en Europa. Hoy se asiste al deterioro y descomposición de los partidos socialdemócratas en Suecia, Holanda, La Francia de Mitterand, la crisis del PSOE en España, el hundimiento del PSI en Italia, etc. y en nuestra América Latina fueron a la bancarrota los ensayos socialdemocráticos de Alfonsín en Argentina, Paz Zamora en Bolivia, Rodrigo Borjas en Ecuador, Alán García en Perú, El Movimiento Lavallas en Haití, Andrés Pérez en Venezuela, etc.

Se ha desplazado a los trabajadores de la conducción del FA y en su lugar se han encaramado las capas medias y la pequeña burguesía hegemonizando junto a una burocracia sindical.”

 

Eso planteábamos en 1993, hace 27 años. El hecho político de hoy, la toma del juramento de Lacalle por parte de Mujica, el traspaso de la banda presidencial por parte de Tabaré Vázquez, la culminación del reciclaje de la derecha por parte del Frente Amplio, es a su vez la culminación del camino que ya preveíamos claramente en ese tiempo.

Camino que también permite prever claramente el panorama político que se avecina, con un gobierno que llevará adelante un programa antipopular, de ataque a las condiciones de vida de los trabajadores y las masas explotadas, y con un Frente Amplio que seguirá ejerciendo constantemente un freno al desarrollo de la conciencia de las masas trabajadoras, operando para desviar todas las luchas al terreno parlamentario y al terreno de las elecciones dentro de 5 años, siendo consecuente con todo el proceso llevado hasta ahora por parte de su conducción socialdemócrata, reformista, conciliadora, enemiga de los intereses de la clase trabajadora.