El movimiento estudiantil se posiciona. La reforma no es la forma, la censura tampoco.

12.Jul.19    General
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En los pasados meses el movimiento estudiantil uruguayo se venía posicionando en contra a la reforma constitucional de “vivir sin miedo”, colocando diferentes gremios estudiantiles pancartas en contra de esta reforma en las fachadas de sus respectivas instituciones.
Hace unas semanas, luego de que el diputado del partido Nacional, Pablo Abdala, presentara un recurso de amparo ante el Juzgado Letrado de lo Contencioso Administrativo, la Justicia determinó que la Anep debía retirar los carteles en un plazo mínimo de 48 horas, y enfrentar consecuencias económicas de no hacer cumplir la sentencia.
La jueza Miriam Fierro, entre otras cosas, entendió que “las pancartas colocadas en el frente de los centros mencionados violentan la neutralidad, constituyen una manifestación proselitista y ocupando la fachada de edificios públicos parecen expresar que esa es la posición de las autoridades educativas, es decir, se oficializa el contenido del cartel violentando la libertad de conciencia de los alumnos, profesores, trabajadores, transeúntes, del actor o cualquier individuo que válidamente pueda tener una opinión divergente, o bien, ninguna opinión”
No pretendemos centrarnos en los detalles legales de esta sentencia, pero queremos mencionar un par de puntos erróneos en estas declaraciones. Primero decir que los carteles están firmados por los gremios, por lo que difícilmente puede plantearse que se pretende manifestar la opinión de toda la institución. Además, señalar que pese a que sea obvia la participación de los partidos políticos involucrados, tanto en la campaña como en la contracampaña por la reforma, esta busca un cambio en la constitución y los carteles hacían referencia a esto, por lo que no se les puede tachar de proselitismo.
Esta sentencia es una muestra evidente de censura a la libertad de expresión de los gremios estudiantiles. Las pancartas son una decisión política, es verdad, pero es precisamente esta participación política la que contribuye a la historia combativa del movimiento estudiantil. Un movimiento estudiantil clasista y combativo debe necesariamente manifestar una posición en asuntos políticos, más aún si estos le afectaran al nivel que esta reforma puede llegar a hacerlo.
Se pretende hacer de los gremios estudiantiles marionetas administrativas, que limiten su actividad a lo cultural o a contribuir a la palabra de las direcciones, negando su historia combativa.
Es interesante también mencionar los dichos del Codicen a favor de los estudiantes y las pancartas, pretendiendo defender la libertad de expresión. No debemos olvidar que fue precisamente en la sede del Codicen, donde en 2015 se dio la represión a estudiantes de secundaria que también en su momento estaban manifestando una posición política.
En este sentido uno de los desafíos planteados a nivel del movimiento estudiantil y esta lucha que se avizora ya planteada y llevada adelante por los mismos, y teniendo en cuenta sobretodo el marco de año electoral, es desprenderse de actuar como furgón de cola de los intereses políticos partidarios, donde la experiencia demuestra que este tipo de campañas son plataforma de lanzamiento y conquista de votos para aquellos que participan de la carrera electoral, donde unos y otros pretenden de manera implícita a veces, explicita otras, arrear ganado para su chacrita y legitimarse frente a los y las estudiantes.
Cuando hacemos referencia a la participación política que debe practicar el movimiento estudiantil, referenciamos a un movimiento capaz de generar su propia crítica a esta campaña ya que son los y las estudiantes que sufrirán las consecuencias de la concreción de la misma, y por su parte trabajar en la construcción de un movimiento estudiantil capaz de generar su propia propuesta, que nazca de discusiones colectivas, de la participación de los y las jóvenes estudiantes, de generar en nuestros espacios estudiantes críticos, reflexivos y con ímpetu de crear, como lo manifiesta la propia ley de educación, pero no en el sentido que pretende formarnos un sistema educativo que se orienta a construir ciudadanos que como mucho lancen discursos idealistas en el marco del sistema capitalista, no es por ese camino que debemos formarnos, debemos generar de los espacios estudiantiles trincheras de formación, de propuestas, donde se piense en la construcción de un sistema educativo que participe en una sociedad abonando colectivamente a la misma y su constante superación, y no una sociedad que firma para una reforma constitucional de tal magnitud.
Ahora, cuidado con el discurso solapado que quiere hacer ver como enemigos a unos, en este caso a aquellos promotores de esta campaña, y como aliados al movimiento estudiantil a otros, en ese sentido a aquellos que no la acompañan.
En el caso específicamente del oficialismo quien se desmarca de la campaña e incurre en el seno del movimiento estudiantil con sus militantes debemos desenmascarar cada una de las prácticas políticas que se han ido generando desde este gobierno en torno a la represión estudiantil, y la inversión en la fuerza coercitiva y su papel en el estado. No solo fue el caso aislado de la represión en el codicen en un punto álgido de aquella lucha llevada adelante, este gobierno es el mismo que genera operativos y actúa con impunidad en los barrios donde viven la mayoría de los jóvenes que han abandonado el sistema educativo, donde se los reprime, se los criminaliza, a través de una fuerza que funciona como perro adiestrado servil a los poderosos explotadores y opresores de saco y corbata.
Los y las jóvenes que hoy no son parte de nuestro sistema educativo lo son por las políticas que se impulsan y legitiman desde un gobierno que debe reconocer porqué la realidad está allí palpable, que son de los quintiles más pobres los jóvenes que no siguen estudiando, los mismos que ellos marginan y después endemonian para tener una sociedad atemorizada y coartar la libertad.
Es este gobierno el mismo que invierte en el sistema represor y no en un sistema educativo que al menos sea capaz de generar una infraestructura y recursos humanos para recibir a los estudiantes, el mismo gobierno que invierte en policías que luego reprimen a estudiantes en la puerta de los liceos, los mismos que atemorizan merodeando los centros ocupados.
No se trata de unos u otros, se trata de construir un movimiento estudiantil que retome las banderas que tiempos anteriores se han levantado y que hoy parecen enterradas, un movimiento estudiantil capaz de lograr reivindicaciones concretas e inmediatas, pero que sea capaz de construirse en sujeto revolucionario, y que aspire a ser protagonista de las mejores luchas que nuestro pueblo más temprano que tarde volverá a dar.