Declaración de la Juventud Guevarista con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora

08.Mar.19    General
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Según la mitología antigua, el rey Midas tenía la capacidad de todo lo que tocaba convertirlo en oro. ¿Por qué comenzamos marcando nuestra posición con un mito?: Debido a que todo lo que cae en el campo ideológico que no pertenezca al de los trabajadores, es absorbido por la burguesía y el reformismo. Estos, pese a no tener la capacidad de Midas de convertirlo en oro, sí tienen una capacidad muy real, y para nada mitológica, de asegurarse de que todo lo que tiene un contenido históricamente clasista y combativo, una vez que cae dentro de su campo de acción, sea despojado de ese carácter.

Por ende, es preciso traer a colación el carácter de conmemoración de este día sin los despojos y el relato construido convenientemente por los antes mencionados.
El 8 de marzo se recuerda el asesinato, a manos del gran capital, de 140 obreras quemadas vivas en una fábrica cuyos dueños cerraron sus puertas en Estados Unidos. Una muestra de las tantas situaciones que a diario e históricamente el sistema capitalista hace padecer a su clase explotada.


Desde el proceso de formación de la clase obrera en sí, las mujeres trabajadoras se lanzaron (de manera espontánea algunas veces, organizadas en otras) en reclamo de las condiciones laborales a las cuales eran sometidas, recorriendo la experiencia como parte de un incipiente movimiento obrero que veía y padecía largas jornadas de trabajo en penosas condiciones que no distinguían ni edad ni género.

Desde su origen el día 8 de marzo es capaz de clarificar sobre cuál es el fin de la clase explotadora, de qué es capaz cuando de mantener o aumentar sus ganancias se trata. En este recorrido remarcar el año 1917 en aquella Rusia convulsionada, donde miles de mujeres salieron a las calles reclamando sus derechos, mostrando una masiva actitud que repudiaba el clima bélico que entre otras configuraba el asesinato en masa de los trabajadores de los diferentes países y a la misma vez utilizaba la mano de obra femenina en la industria bélica ante la ausencia de los obreros que debían empuñar las armas en el frente de batalla. Aquello fue rechazado una y otra vez por las mujeres que con sentido de pertenencia a la clase trabajadora no solo unificaban sus peleas en pos de la conquista de sus derechos sino que se embarcaban en un aluvión histórico que barrería el zarismo y toda posición dubitativa frente al que hacer con el conflicto bélico y la explotación obrera.

En nuestra América la inspiradora revolución cubana se esforzó por combatir toda actitud machista dentro de la organización revolucionaria y generar los espacios antes, durante y después del triunfo revolucionario para encaminar la ardua tarea de la construcción del hombre y la mujer nueva, sin perder de vista en el horizonte la necesaria construcción del socialismo mientras avanzaba el proceso revolucionario.

La dinámica de lucha de nuestro país no está exenta del rol protagónico de las mujeres en los procesos de la independencia del poder colonial y de liberación nacional en un pasado reciente. Indudablemente es un trabajo digno de reconocer el de las corrientes burguesas y reformistas quienes se han encargado de mantener oculta la capacidad combativa y clasista de las mujeres quienes, codo a codo con los hombres, han luchado de manera incansable por la eliminación de la opresión y explotación ya que, a pesar de la diferencia de géneros, comparten pertenecer a la misma clase social que a diario sufre los avatares del modo de producción capitalista. Se cuenta con un sin fin de experiencias revolucionarias que han denotado la capacidad de las mujeres trabajadoras de sobreponerse una y otra vez, con tenacidad y responsabilidad, todas fortalezas necesarias al encontrarse sumergidas en una sociedad capitalista y patriarcal.

Por esto mismo es que no puede persistir un grado de necedad que no nos permita ver la doble opresión que recae sobre la mujer. Las mujeres trabajadoras no solo han luchado, como antes desarrollamos, por implicancias que tienen que ver a la clase trabajadora en sí, sino que a la opresión y explotación que sufre por ser parte de dicha clase, se le suma la que sufre por ser mujer. Esto se ha agudizado con la formación, consolidación y extensión del sistema capitalista, el cual deriva en relaciones sociales que imponen a la mujer una doble opresión y explotación.
Por ello, una de las consignas las cuales levantamos, es impulsar que frente a la doble opresión, las mujeres se transforman en doblemente revolucionarias.

El sistema capitalista encarna en su seno el sistema patriarcal, que en sus expresiones machistas colocan a la mujer en un rol y en una posición de dominación, de violencia y opresión. Para sostener el papel que ocupa la mujer la clase dominante utiliza todo el aparato estatal y los mecanismos que tiene bajo su dominio, apostando a la construcción de un imaginario colectivo que en primera instancia reducía el rol de la misma a los quehaceres del hogar y siempre bajo la órbita de dominio del hombre. Esta construcción en la conciencia de las masas y efectivamente desarrolladas en las relaciones sociales, son legitimadas desde el discurso y llevado a la prácticas por otras instituciones ligadas al aparato, desde donde se legitima y controla la opresión y explotación.

De este modo, desde instituciones tales como la Iglesia, centros educativos y culturales, medios de comunicación masivos se promueve una imagen de mujer, que pese a ser modificada en el correr del tiempo, es siempre impuesta por el sistema patriarcal.

Así, se produce una imagen de mujer responsable del cuidado exclusivo de los niños y niñas, las tareas vinculadas al hogar, la mujer como tentación al pecado por parte del hombre, la mujer como provocación por su forma de vestir, la mujer cosificada, la mujer lapidada, el prejuicio al libertinaje femenino, la construcción de la princesa que necesita de su príncipe para poder existir y un sin fin de roles y cargas que deben asumir las mujeres por su condición de género.

Detrás de todo esto se vislumbra la figura del macho que siente propietario del cuerpo de la mujer, aquel que bajo ese sentimiento de dueño la trata como un objeto, a su antojo y placer. Son innumerables las muertes de mujeres en manos de hombres, son innumerables los casos de violencia de género que son denunciados, los abusos sexuales, son innumerables los casos de prostitución forzadas, la trata de blanca, tráfico de órganos, servidumbre infantil.

También son innumerables los casos donde las mujeres que se insertan en el campo laboral sufren el acoso, el menosprecio, perciben menor salario por su condición de mujer, tienen menos oportunidades. Se las condiciona en su posibilidad de participación, en su posibilidad de intervenir en las esferas de poder.

Ahora, debemos tener cuidado con esto. Lo que las mujeres doblemente oprimidas y su lucha cada vez más caudalosa y organizada no necesita, es ser dirigida por sectores del feminismo burgués o reformista que encausan el aluvión de reivindicaciones a aspiraciones que no sobrepasan el sistema capitalista y colocan como el enemigo principal y común de las mujeres a los hombres, como figura abstracta y general. Desde las organizaciones donde se organice e impulse el feminismo que lucha contra el patriarcado y el capitalismo, deben existir reivindicaciones inmediatas que aboguen por alcanzar, mediante la lucha organizada, objetivos estratégicos que incluyan la destrucción del patriarcado y del capitalismo, mediante un proceso revolucionario en el cual necesariamente confluyen hombres y mujeres, asumiendo la tarea de construir el socialismo.

No se pueden negar los avances que se han conseguido en materia de derechos humanos, laborales, políticos, culturales y económicos para las mujeres. La importancia de la ley de la silla, la posibilidad de votar, el aborto legal, seguro y gratuito marcan hechos políticos relevantes, pero se tiene que tener claro no debe quedarse ahí. Desde nuestras organizaciones debemos impulsar propuestas superadoras de este sistema, marcando distancia con la burguesía, el reformismo y las desviaciones de izquierda que visualizan a la mujer en abstracto, no identificando a la mujer que pertenece a la clase opresora y explotadora frente a la cual se debe luchar con el mismo ímpetu que los hombres. Tampoco se puede caer en posiciones sectarias que encorsetan la lucha feminista alejada de la lucha de clase, confundiendo a las trabajadoras sobre a quién se debe enfrentar y con quién se debe unir.

Por un lucha feminista clasista y combativa.

Contra el patriarcado y el capitalismo.

¡Por la revolución y el socialismo!