Declaracion de la CGI. Acerca de los resultados del “plebiscito de paz” en Colombia

Juventud Guevarista
13.Oct.16 :: General



A propósito de los resultados del proceso plebiscitario de terminación del conflicto armado entre las FARC-EP y el Estado colombiano celebrado el día 2 de octubre en Colombia, el cual cerró con un 50,21% para la opción “No apoya el acuerdo” frente a un 49,78% para el “Sí”, y una contundente abstención del 63% de la población apta para votar, como Coordinadora Guevarista Internacionalista sostenemos lo siguiente:

a) Las banderas de la Revolución Socialista deben encumbrarse y continuar

De forma sincera y franca, nos preocupa profundamente la apuesta política que están haciendo las FARC-EP, después de 52 años continuos de guerra revolucionaria, en el sentido de trasladar la centralidad estratégica desde la confrontación armada hacia la política legal-democrática.

Entendemos que la apuesta es riesgosa en cuanto –seguramente las FARC lo habrán analizado ya-, por mencionar algunos escenarios posibles: una vez legalizadas, abiertas y desmovilizadas sus fuerzas guerrilleras, los paramilitares arremeten o el gobierno persigue, excluye, ilegaliza o acusa antojadizamente de narcotráfico o terrorismo; en ese caso deberían estar capacitados para hacer uso de diversas fuerzas combatientes de reserva, pero en un contexto sumamente defensivo. Por otro lado, una vez desmovilizadas las FARC, otras organizaciones revolucionarias –como el ELN- podrían ser aisladas, acorraladas y golpeadas militarmente. También nos preocupa el escenario en que la lucha armada y el contenido mismo del proyecto socialista se presenten definitivamente como anacrónicos y obsoletos, contribuyendo a que el capitalismo nuevamente se eternice a los ojos de nuestro pueblo. Igualmente es posible que las masas ideológicamente reaccionarias no toleren la participación democrática de una organización “ex guerrillera”; los resultados del plebiscito revelan claramente eso. O por último, el escenario más lastimoso desde nuestro punto de vista, que resultando su apuesta e insertándose en el sistema democrático burgués, con sus reglas, sus limitaciones y sus tendencias, gradualmente o abruptamente se desplace el carácter mismo del proyecto político de un contenido revolucionario a un contenido socialdemócrata, conciliador o reformista.

En este sentido, nos preocupa que en un contexto regional y mundial de ofensiva imperialista, donde especialmente en América Latina se desarrolla una brutal avanzada de la burguesía contra los pueblos, los proyectos llamados “bolivarianos”, populistas y reformistas van debilitándose y carecen de proyección histórica, las grandes masas trabajadoras no poseen una conciencia de clase madura ni una disposición subjetiva revolucionaria y, lo que es crucial, los bloques burgueses despliegan una verdadera guerra mediática contra la idea del socialismo como posibilidad histórica, una organización con un legado revolucionario tan relevante como las FARC-EP vaya echando pie atrás con el proyecto socialista y el legado histórico de clase, el programa revolucionario.

Entendemos que la guerra ha llegado a un punto complicado. Como acabamos de describir, en el contexto de una clase trabajadora sin una conciencia de clase desarrollada y extendida, sin un ánimo revolucionario, sin a veces siquiera interesarse por la política y otras tantas, directamente reaccionaria y contrarrevolucionaria, la guerrilla está políticamente en un punto de avance mínimo o muy bajo, de estancamiento permanente. Los resultados del plebiscito hablan de esta situación.

Y comprendemos que en esta condición histórica las FARC-EP puedan verse presionadas a modificar los métodos de lucha. Pero una cosa distinta sería un viraje estratégico tan profundo que, más que dar un paso táctico atrás, significara una renuncia a la necesidad y posibilidad programática de la revolución socialista y la tarea de la articulación y el desarrollo de las fuerzas políticas y de masas justamente en ese sentido.

b) En la patria colombiana no se ha negociado ni plebiscitado la paz

Lejos de los discursos grandilocuentes y demagógicos emitidos por el presidente colombiano –y ahora Premio Nobel de la Paz- Juan Manuel Santos, apoyado en las líneas fundamentales por el conjunto del bloque burgués dominante, lo cierto es que la paz para la clase trabajadora y los pueblos no figura entre los planes de los dueños del poder y la riqueza. El monopolio del poder político, el gran capital y la propiedad de la tierra por parte de la burguesía más rancia; la superexplotación descomunal que se impone a la clase trabajadora de la ciudad y el campo; la brutal desigualdad y la miseria del sector campesino; y el problema del narcotráfico, asociado al negocio de terratenientes, mercenarios, paramilitares, burgueses locales y extranjeros y la burocracia criminal del Estado, determinan en gran medida que la paz para los explotados y oprimidos no está sujeta a negociación.

Lo que existe en Colombia como en toda América Latina es una agudísima guerra de clases entre el conjunto de los trabajadores ocupados y desocupados y los dueños de la tierra, el capital y el poder político, la burguesía y el imperialismo. En este sentido, la lucha guerrillera desde los 60’ hasta la actualidad en Colombia no es una política “antojadiza” ni “arbitraria” instalada por sectores “vanguardistas”, sino que es producto y causa integrante de una determinada historia de enfrentamiento de clases, un proceso de maduración de la conciencia del proletariado agrícola, urbano e industrial y una actitud de beligerancia reaccionaria por parte de la burguesía y los sectores oligárquicos que ha hecho imposible negociar el cese del conflicto armado cuando las FARC lo intentaron desde el 90’ en adelante. De modo que las guerrillas de las FARC-EP, el ELN y otras organizaciones armadas son expresión concreta de un proceso histórico de lucha de clases y no sencillamente la “elección” táctica o estratégica de tales sectores políticos.

Si bien esta concepción histórica no es ajena a lo que las FARC-EP y el propio Timochenko han planteado abierta o solapadamente, nos importa sostener que lo que está en juego en las presentes coyunturas de negociación de cese del conflicto armado no es de modo alguno la paz en el sentido de la conciliación de clases, sino una apuesta de las FARC-EP por incorporarse en el escenario político en nuevas condiciones de legalidad, deberes, derechos y garantías políticas hacia y por parte de la democracia burguesa y sus instituciones.

c) En Colombia, América Latina y el mundo, la lucha sigue

El pueblo colombiano está agotado de las hostilidades bélicas por parte del Estado quien utiliza, como excusa, la existencia de organizaciones revolucionarias para ser más brutal. Sabemos que una porción considerable de la clase trabajadora desea barrer con su miseria económica, exclusión social, pobreza cultural, segregación educativa y represión política, que está dispuesta a movilizarse para mejorar sus condiciones de existencia, que reconoce de una u otra forma al enemigo de clase y que incluso, tomaría las herramientas que fuesen necesarias si éste le ofrece una respuesta represiva e intransigente.

Bajo esta seguridad, tenemos el deber de exigirnos que toda la capacidad y desarrollo político de que disponemos, independientemente de su magnitud, sea puesto en servicio de los intereses y las luchas concretas que el pueblo trabajador despliega, luchando de la mano con él, corriendo su misma suerte, apoyando los procesos de organización, unidad y desarrollo de su conciencia de clase, orientando para golpear a nuestro enemigo y encaminando, cueste lo que cueste, las fuerzas movilizadas de la clase trabajadora en dirección a la conquista del socialismo. De ser así, más temprano que tarde la victoria será definitivamente nuestra.

¡De la mano a nuestra clase trabajadora!

¡A la cabeza de sus luchas!

¡Tenemos que hacer la revolución!

Coordinadora Guevarista Internacionalista

Octubre de 2016