¿Se viene el estallido?: Entrevista a grupos juveniles de izquierda revolucionaria de Uruguay

Diario El Pais de Montevideo
12.Jul.07 :: Opinión Guevarista

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Bruno Leyton tiene 16 años y cara de niño. Está en quinto Humanístico del liceo de Piedras Blancas, donde vive con sus padres. Con ellos aprendió a militar en política desde que era chiquito. Los acompañaba a movilizaciones y comités de base, sentado en los hombros de su padre. El 6 de junio de 2006 viajaba aburrido en ómnibus hacia Montevideo, mirando hacia fuera por la ventanilla, cuando vio una pintada de la Juventud Revolucionaria del Partido de los Trabajadores que exigía la “expropiación del latifundio”. El graffitti incluía un correo electrónico. Bruno, curioso, agregó en sus contactos la dirección de Hotmail y empezó a chatear con Lucía.

Lucía Siola, de 19 años, lo invitó por msn a visitar la sede del Partido de los Trabajadores (PT), en Agraciada y San Martín. Se juntaron una tarde y ella le preguntó qué pensaba de la política, de la gestión del gobierno y por qué quería participar de un proyecto revolucionario. Él le dijo todo lo que ella necesitaba escuchar para franquearle el ingreso.

Charlando se enteraron de otras cosas. Cayeron en la cuenta que los padres de ambos compartieron celda en el Penal de Libertad en tiempos de dictadura, donde el padre de Bruno estuvo 12 años y según él, sufrió torturas como el “submarino”, entre otras que no cuenta.

Aprobado como integrante de la Juventud Revolucionaria del partido, el 27 de junio Bruno tuvo su bautismo. Salieron a la calle para recordar el golpe de Estado de 1973 y repetir a gritos la consigna del “nunca más”. Desde entonces, pasa más horas en la sede del PT que en su propia casa. Allí compone los cánticos con mensajes políticos que acompañan sintonías robadas de canchas de fútbol. Después las entona en las marchas.

Coloca las palmas al costado de la boca, a modo de amplificador, y canta cosas como: “Aunque Vázquez no quiera, la vamo´ a sacar, aunque Vázquez no quiera, la vamo´ a sacar… en la calle, a la ley de impunidad”. El 7 de diciembre, cuando iba desde la plaza Cagancha al Tribunal de Apelaciones para protestar por el procesamiento de cuatro jóvenes por sedición tras los disturbios del 4 de noviembre de 2005 en Ciudad Vieja cantó una letra nueva: “Tribunales, tribunales, tribunales de cartón, nos procesan a nosotros, ¿con el Goyo qué pasó?” Y una semana después, camino a la casa, precisamente, de Gregorio Álvarez en Parque Batlle, ante la fuerte custodia policial gritó: “Yo sabía, yo sabía, que a los asesinos, los cuida la Policía”.

“Soy un agitador. Me brotan las letras”, se ríe Bruno. Después dice que su papá, hoy empleado público, está orgulloso de él y lo acompaña en cada movilización. “Muchos de los representantes que están en el gobierno fueron compañeros de mi viejo, y ahora como están acomodados en el poder no anulan la ley de impunidad, y para peor instalan una base militar del Comando Sur que va a venir a enseñar a los militares a torturar, para cuando venga la oleada revolucionaria”.

Él está seguro de que ese momento llegará, tarde o temprano. “Ellos también saben que va a llegar. ¿Por qué te pensás que no anulan la ley o ponen una cárcel VIP para los milicos ¡en mi propio barrio!?”

Bruno milita para ser protagonista de esa oleada, el día del estallido.

Para eso también se preparan no muchos más de 200 jóvenes de entre 15 y 30 años en Montevideo, integrantes de organizaciones políticas de izquierda radical, descreídos de la izquierda gobernante. Y reivindican la revolución socialista como única generadora de cambios reales.

Son pocos, pero eso no los inquieta. Afines a ideologías marxistas, maoístas, trotskistas, artiguistas, guevaristas y anarquistas, comparten unas cuántas cosas: una misma génesis de la militancia en las ocupaciones como protesta a la reforma educativa que instrumentó Germán Rama en 1996, una fuerte aversión al “imperialismo” y al capitalismo, y el deseo de que llegue el día de la revolución para que los medios de producción queden en manos de sus trabajadores.

Ruidosos y revolucionarios

Cuando la concertación para repudiar la condena por sedición a cuatro jóvenes por parte del juez Juan Fernández Lecchini, la Juventud Revolucionaria del PT llegó blandiendo banderas rojas y negras y haciendo barullo. Durante el trayecto se encargó de liderar los cánticos con la prodigiosa voz del joven Leyton. Una semana después, la cita fue en la sede del partido, algo muy parecido a un largo galpón vigilado por Vladimir Illich Ulianov (Lenin) y León Trotsky pintados en una pared sobre un fondo rojo.

Allí, Federico Morales, de 27 años, contó que empezó a militar a los 16 en el liceo 38 de La Teja y en el MPP, donde lo echaron cuando un día fue José Mujica de visita y dijo que para ser legislador no iba a usar traje. El adolescente preguntó si en caso de ponérselo dejaría de ser revolucionario, y al otro día le pidieron que deje de concurrir. Se fue a la Corriente de Izquierda y tuvo una discusión con Helios Sarthou porque entendía que a los jóvenes no les permitían militar “en serio” sino sólo en la campaña electoral.

En 2002 se integró al PT. “Lo elegí porque es un partido revolucionario, de clase obrera, también por el programa y la militancia. Y porque no es un partido de burgueses”, argumentó Morales. Palabras más, palabras menos, todos los entrevistados para esta nota dijeron casi lo mismo, para contestar por qué se adhirieron a la Organización Libertaria Cimarrón, Fogoneros, la Juventud Guevarista del Movimiento Revolucionario Oriental o la Juventud Comunista Revolucionaria.

Joaquín Otero, de 23 años, se integró a la anarquista Organización Libertaria Cimarrón (OLC) porque le atrajo “el proyecto político de la organización y la importancia de la militancia. Era un proyecto combativo, revolucionario, que significó una alternativa que no había para los jóvenes”.

En realidad sí hay alternativas a los partidos políticos insertos en el sistema. Por ejemplo, Federico Boga, de 26 años, se sumó a la Juventud Guevarista del Movimiento Revolucionario Oriental (MRO) atraído por los 40 años de historia del movimiento y por “tener determinados principios e ideas. Vi las figuras del ´Che´ y de Artigas en un determinado estilo de militancia”.

A Ismael Gómez, de 23, lo encandiló Mao Tse Tung y a Federico Steinhardt, de 28, los pensamientos de los anarquistas Pierre-Joseph Proudhon y Mijail Bakunin. Pero todos ellos comparten consignas similares, y por eso se ven las caras en movilizaciones donde quizás, los más veteranos sean el independiente Jorge Zabalza e Irma Leites de Plenaria Memoria y Justicia.

Así como los jóvenes del PT llegan cantando a las marchas, los Fogoneros lo hacen en silencio. Lo que los distingue es su pañuelo celeste y blanco con una estrella roja en el medio, que llevan en el cuello, y con el cual se tapan la mitad del rostro al manifestar. “Son los colores de José Artigas”.

Fogoneros nació el 19 de junio (día de natalicio del prócer) de 2003. Un grupo de jóvenes de Malvín Norte entendió que el país necesitaba una “salida política” y quiso colaborar fundando un movimiento con fuerte arraigo en su espíritu revolucionario. Desde entonces se juntan en una casa de bloques bastante venida a menos, en pleno cantegril La Bombonera.

Allí aceptaron hablar, previo encuentro sin grabador con Gastón, un joven con cara de púber que después no participó de la entrevista formal.

Bolívar, el “Che” y Zitarrosa

“Crece desde el pueblo el futuro, crece desde el pie”, está escrito en el pizarrón de la casa-sede de Fogoneros y está firmado por “A. Zitarrosa”. Al costado hay otra frase escrita con tiza pero tapada por una bandera con el rostro icónico y omnipresente del “Che” Guevara, en negro sobre fondo rojo. Una cartelera tiene una banderita de Cuba, un afiche que dice “Haití: Basta de ocupación económica y militar” y un mensaje que dice: “TLC con Estados Unidos: poco de comercio, nada de libres”.

Sobre el sofá donde están sentados Bruno y Valeria, los voceros de Fogoneros, hay un poster con la cara de Simón Bolívar y unos soldados a caballo que dice: “En Bolívar nos encontramos todos. Coordinadora Continental Bolivariana. ¡A la carga!”

Para explicar por qué prefieren no dar sus apellidos (el semanario Búsqueda informó que Bruno se ha presentado como Bruno Fonseca aunque su verdadero apellido es Lasa), Bruno dice que no es por ser misteriosos. Solamente no quieren liderazgos con nombre y apellido, y limitarse a reflejar la opinión de la organización. Además, para evitar conflictos laborales. “Los servicios de Inteligencia me vienen siguiendo desde hace muchos años y saben quién soy”, dice él.

“Nos juntamos por la militancia estudiantil, y vamos a la puerta de los liceos porque los problemas de la educación están ligados a los problemas del país. Los que deciden las cosas que pasan en el país son muy pocos, como el FMI que decide en los programas de gobierno”, dijo Lasa, para quien la influencia guevarista se ve en la lucha social y la lucha política, “inclusive la electoral siempre y cuando apueste a poner el poder en las manos del pueblo”.

Esa confianza en la “lucha electoral” es muy relativa. “Que el pueblo sea soberano no es sólo sufragar cada cinco años cuando no se puede tener lo mínimo indispensable para comer”, dijo Lasa.

Victoria, una estudiante de 21 años que habla como si se hubiera aprendido de memoria todo el léxico revolucionario sesentista, agregó: “La democracia está sustentada sobre un modo de producción capitalista, es una democracia burguesa: no representa a la mayoría por una simple elección. Hay que profundizar la democracia en un sentido obrero, proletario, no en un sentido burgués. Para nosotros las elecciones constituyen una variante táctica, no estratégica. La estrategia está signada por la toma del poder, y no por llegar al gobierno durante cinco años”.

La joven no quiso revelar su apellido. Dijo que su interés por la militancia libertaria nació en el ámbito estudiantil, pero se negó a precisar a qué liceo iba: “No es necesario, no es sustancial. Ojo, no me hace nada decirlo”, sostuvo, pero así y todo no lo dijo. Además, ninguno de los dos fogoneros dijeron cuántos integrantes tiene la organización.

“Éramos pocos y ahora somos algunos más. Hemos crecido cuantitativamente y cualitativamente”, dijo Bruno. Victoria agregó que la ideología “trasciende el tema del número. Lo sustancial no es cuántos seamos, la legitimidad está en demostrar que somos una organización dispuesta a brindarle al pueblo una herramienta, que trascienda la vía electoral”.

“A los Fogoneros los contamos por decenas”, añadió Lasa como para zanjar el tema. Aunque Gastón en la charla informal dijo que menos de diez suelen ir a cada reunión en la casa del asentamiento La Bombonera.

Lasa dijo que el ascenso de Tabaré Vázquez al poder era imprescindible. “Nuestro pueblo tenía que ver esa experiencia para ver las limitaciones que tiene este tipo de procesos. Era previsible que sucediera lo que se ve hoy por cómo está conformado el gobierno”, sostuvo.

Algo similar dijo Milton Rodríguez, de 28, integrante de la Juventud Comunista Revolucionaria (JCR), en un aula vacía de la facultad de Humanidades: “Queríamos que la gente viera con sus propios ojos lo que es un gobierno de la ´socialdemocracia´, del oportunismo electoral, que se disfraza de rojo (por comunista) para después luchar contra la izquierda antiimperialista, contra los sindicatos, contra las organizaciones populares, para hacerle los mandados al imperialismo de turno”.

Inclusive, Rodríguez hizo gala del mismo espíritu misterioso de Fogoneros y prefirió no estimar cuántos jóvenes integran la JCR. “Somos más de los que quedaron vivos en el Granma, pero menos de los que embarcaron”. (N. de R.: fueron 82 los guerrilleros que en México partieron hacia Cuba en el yate, pero de ellos, sólo sobrevivieron ocho tras el naufragio y una emboscada). Los números no interesan. Vos estás haciendo una nota sobre organizaciones revolucionarias, y ninguna que se precie de tal te dirá cuántos son”.

Se equivocó Rodríguez: sólo Fogoneros y la JCR no quisieron revelar el número de militantes. El Partido de los Trabajadores tiene 80 miembros, de los cuales 15 integran la Juventud Revolucionaria, dijo Lucía Siola. La Juventud Guevarista del MRO sólo tiene diez militantes en Montevideo y ocho en el interior del país (dos en Rivera, dos en Soriano, dos en Maldonado y dos en Canelones), informó Federico Boga.

La Organización Libertaria Cimarrón tiene 150 militantes en todo el país, 90 de los cuales están en Montevideo, reveló Esteban Corrales. Y en la Federación Anarquista Uruguaya 40 personas visitan la sede con frecuencia, pero suman 100 contando los adherentes que simpatizan con la organización, a quienes llaman “anillos”, según Federico Steinhardt.
Tabaré, más de lo mismo

Boga, de la Juventud Guevarista del MRO: “Preveíamos que ciertas cosas podían pasar. Pero se adelantaron en el tiempo, como declararse continuistas. El firme compromiso con el FMI, por ejemplo, que se profundizó, o las políticas de corte neoliberal y que se venían aplicando en la Intendencia de Montevideo, como tercerizaciones y privatizaciones”.

Steinhardt, de la cincuentenaria FAU, por su parte, se alegró cuando el Frente Amplio ganó las elecciones en octubre de 2004, pero también previó el continuismo. “El gobierno ha sido inteligente en llevar adelante el modelo. No se cuestionó, ni siquiera antes de las elecciones, el modelo capitalista. Han sido hábiles, incluso, en el intento de domesticar a los grupos populares”.

“Yo me alegré de verle la cara a los colorados el día de las elecciones, pero analizás en frío y ves que nunca estuvo cuestionado el modelo. Ahora dicen que (Danilo) Astori es neoliberal… ¡Desde hace 20 años es neoliberal y siempre defendió todas las tesis neoliberales posibles! ¿Y se dan cuenta ahora?”

Las evaluaciones que los jóvenes revolucionarios de las distintas organizaciones hacen de la gestión de gobierno son casi calcadas, aunque los anarquistas coincidan muy poco con los marxistas en asuntos estratégicos. Todos hablan de continuismo, de apego a los organismos financieros internacionales y a Estados Unidos. Se lamentan por la ilusión de la gente aunque presienten que el malestar popular terminará redundando en beneficio de los movimientos revolucionarios.

Rafael Gallo, un joven desocupado de 27 años, cebador oficial de mates en la juventud del PT, casi se ofende cuando se le pregunta por afinidades con el Frente Amplio. “Nosotros planteamos un programa de la clase obrera, el Frente tiene un programa que se ha ido transformando en pro-imperialista. Planteamos lo mismo que Marx: que siempre ha habido lucha de clases, desde antes del surgimiento del proletariado, en la esclavitud y la época feudal”.

Lucía Siola agregó: “El gobierno lleva una política pro-imperialista: la firma de la operación de Unitas, mandar las tropas a Haití, la firma del Tratado de Inversiones, ahora el Tifa para llegar al TLC con Estados Unidos… Ya se veía cuál iba a ser la postura del Frente cuando salió a parar la caída de Jorge Batlle. Se vio que iban a seguir la política del FMI”.

Joaquín Otero, de la anarquista OLC, repitió la teoría del “pro-imperialismo” pero con otros términos, igual de trillados: este gobierno “sigue la lógica de los gobiernos neoliberales”. “Hoy la gente aplaude que se le haya pagado al FMI cuando antes se le pagaba y había huelga. Se juega con la legitimidad de la gente”. Su compañero Esteban Corrales, de 30 años, fundador del movimiento, dijo: “El neoliberalismo como sistema político y económico vigente en América Latina no cambia porque haya un consejo de salarios. En todo el continente hay una consolidación de los sistemas democráticos como expresión del cambio, algo que no compartimos. Se consolida una forma de hacer política donde están el FMI, el Banco Mundial, el BID, el Estado, las instituciones, lugares muy lejos de la gente”.

Claro está, son anarquistas

Steinhardt, anarquista pero de la FAU, también cree que en toda América Latina -más allá de su viraje hacia la izquierda- los gobiernos están muy distantes de los problemas populares.

Hizo un zoom en Uruguay y dijo: “La privatización de la seguridad social no ha sido tocada: las AFAP siguen robando la plata de los trabajadores. El famoso tema del sistema nacional de salud no pasó de ser un titular en los diarios. El Panes quedó, más o menos, en lo que fue el Hambre Cero en Brasil, un eslogan que no ha repercutido socialmente, porque la riqueza sigue en manos de las mismas pocas personas. Y los planes imperiales se siguen aplicando, como siempre”.

Milton Rodríguez, de la JCR, admite que votó a este gobierno, pero asegura que no lo volverá a hacer. Insistió con el “pro-imperialismo” y aseguró que, además, fue “oportunista” porque aprovechó las ansias “de la gente” por un gobierno “popular” pero le hizo los “mandados” a la “oligarquía”.

Más allá de que al escucharlos da la impresión que tienen puesto el cassette porque repiten los mismos pensamientos (y con las mismas palabras), también es cierto que suenan muy convencidos de lo que dicen. Cuestión de sensibilidad, dicen. Y de ideología. Diferencias de matices, coincidencias en ideas.

Ejemplo: Fogoneros y la OLC coinciden en criticar el sistema partidario y las elecciones como forma de acceder al poder, mientras que la Juventud Guevarista del MRO y la Juventud Comunista Revolucionaria (del Partido Comunista Revolucionario) defienden a los partidos como un método más de lucha. Federico Boga, del MRO, cita a Guevara: “Decía en 1963 que sería muy tonto para un marxista revolucionario no aprovechar las ventajas que da el proceso eleccionario para dar a conocer el programa revolucionario”.

El único partido de los consultados para esta nota que participó de las últimas elecciones nacionales es el PT, que sumó 524 votos en todo el país.

Aunque critique las elecciones, Victoria (de Fogoneros) hace el mismo diagnóstico del país que los demás. “Hay consenso en seguir pagando la deuda, firmar tratados con los yanquis y profundizar la miseria del país. Hubo planes de carácter asistencialista como el Plan de Emergencia que no solucionaron la raíz del problema. Y lo medular, la relación con el imperialismo: siguió y se profundizó”.

Hay diferencias entre todos los grupos de extracciones muy disímiles, pero son minimizadas ante premisas aglutinadoras como el “antiimperialismo”. No ven la hora de que los trabajadores despojen a los capitalistas de sus medios de producción, que los capitales extranjeros (básicamente estadounidenses) se alejen de este pequeño país del Tercer Mundo. Milton Rodríguez, de la JCR lo expresó así: “Todo el que se oponga al imperialismo, a los oligarcas, es amigo nuestro”. Y con ellos pretende conformar un frente de liberación nacional.

Y si hay algo que irrita, aún más, a los jóvenes integrantes de grupos revolucionarios es la posición del gobierno progresista en el manido asunto de las fábricas productoras de pasta de celulosa. En esto también están muy unidos.

No a las papeleras

“¿Las papeleras? Es una entrega más a los grandes intereses internacionales”, dijo Rafael Gallo, de la Juventud Revolucionaria del PT. Su compañero Federico Morales agregó que “ser anti-capitalistas no escapa al ambientalismo, van de la mano. Es un negociado que no sólo abarca el río Uruguay ahora o el Río de la Plata en el caso de Ence. Es el tema de la forestación. En Misiones se talaron los bosques y se inunda todo, mientras que en el Chaco no hay agua”.

Ismael Gómez, de la Juventud Comunista Revolucionaria, señaló lo obvio: más allá de creer que las papeleras contaminarán, hay una clara postura ideológica al no acompañar su instalación en Uruguay: “Hay consecuencias económicas y sociales que traen los países dueños de los capitales de las pasteras. Hablo de la extranjerización de la tierra, el crecimiento del latifundio, las pésimas condiciones de trabajo y el desplazamiento de los productores”.

“Esas chimeneas son un gran monumento a la política de este país como continuadora de las anteriores: una política impopular y vinculada a los intereses de monopolios foráneos. No pagan impuestos, tienen puerto propio, la Armada le hace los barcos para que transporte la pasta hacia fuera. ¡Hasta el Pit-Cnt tenía una resolución contra las plantas, y se dieron vuelta para aliarse con el gobierno!”

Joaquín Otero, de la OLC, dijo que el movimiento no tiene una postura al respecto de las papeleras. Sin embargo, ni bien él y Esteban Corrales comenzaron a analizar el tema, se alinearon a los demás grupos ultras de izquierda. “Se ve la injerencia de una multinacional que parece la gobernante del país. Sí, van a dar trabajo. Pero está claro que van a contaminar, y agrega enemistad con un vecino”, sostuvo Otero.

“Es la continuidad de un modelo por parte del Frente Amplio”, insistió Corrales, reiterando un argumento repetido hasta el hartazgo por todos los jóvenes consultados para este reportaje. “Es la política por fuera de las necesidades de la gente. Se habla de una inversión de mil millones de dólares y crecimiento de la macroeconomía, pero eso está lejos del bolsillo de la gente”.

Federico Boga, guevarista y artiguista de la juventud del MRO -organización fundadora del Frente Amplio que se alejó de la coalición en 1993- no tuvo empacho en admitir que la negativa a las papeleras responde a convicciones ideológicas más que a ambientalismo.

“Es por lo que está detrás de las plantas: un proyecto de país, de producción, que para nosotros no es válido. Es ideológico porque tiene que ver con abrirle las puertas al imperialismo y sus capitales, una empresa productora de basura (las traen acá porque contaminan). Teníamos un país lleno de verde, y ahora habrán ¡siete plantas de celulosa! ¡Es una política de Estado!”

Además de la de Botnia en Fray Bentos, Ence en Conchillas (Colonia) y la eventual de Stora-Enso en Durazno, Boga dijo que una de capitales estadounidenses se instalará en Rocha, y otra pertenece a una firma árabe. Cerro Largo y Tacuarembó han sido dos de los enclaves elegidos, dicen saber. “Uruguay visto desde arriba será una gran fábrica contaminante. ¡Y acá van a meter la pastera más grande de todo el planeta!”

A Federico Steinhardt, de la FAU, lo que más le preocupa es la “consolidación del modelo forestal”. “El monocultivo forestal es tristísimo porque genera menos mano de obra que la ganadería expansiva. Lo del ´país productivo´ es una gran mentira. Vos soltás una vaca en el campo y generás más empleo que la forestación. Y acá se consolida la forestación ¡en las mejores tierras del país! Vender esos árboles es un disparate, y más si son eucaliptos, que consumen un montón de agua”.

Steinhardt es anarquista desde los 16 años, aunque a los 14 ya militaba en el MPP. ¿Por qué? Intentaba infructuosamente comprender el mundo. Quería alcanzar una solución para las cosas que veía que estaban mal, que no le cerraban. Empezó buscando dentro de la izquierda pero no tardó en estudiar las vertientes históricas del socialismo. Descartó el socialismo “científico” (según la definición de Karl Marx, socialismo “autoritario”, según la FAU) porque veía al Estado como una herramienta para la solución de problemas.

Sin embargo, lo convenció el socialismo “libertario” en boca de Proudhon, Bakunin y Errico Malatesta, lo que después dio en llamase anarquismo. Sabido es que esta corriente reniega del Estado y las instituciones, pero -dice él- erróneamente se lo asocia con caos y desorden. “Cuando la gente se queja de algo diciendo ´¡esto es una anarquía!´ yo contesto: ´¡ojalá!´”

Chávez y Evo, los preferidos

Los jóvenes revolucionarios uruguayos siguen modelos, estilos de conducción en la América Latina de hoy. Sienten que la revolución cubana sigue siendo el mejor ejemplo de cómo hay que hacer una revolución, y piensan que los presidentes de Venezuela y Bolivia, Hugo Chávez y Evo Morales, encarnan lo más parecido a un líder de su agrado que los lleve al socialismo del siglo XXI. Así y todo, los estudian con lupa.

“Separamos al modelo venezolano y al boliviano del resto. Cuba, Venezuela y Bolivia integran el ALBA, una asociación de ruptura con Estados Unidos”, dijo Bruno Lasa, de Fogoneros, quien entiende que muchos opositores de Chávez se vieron rendidos por su carisma y pasaron a apoyarlo. Para él, lo importante es que las organizaciones populares abrazaron el proceso bolivariano: “Hay sectores surgidos de los cerros de Caracas que están organizados, administran barrios enteros desde la seguridad a la educación o las tareas municipales, hay latifundios que se han socializado y hay una tendencia a que el pueblo recupere su poder”.

Ese punto de vista lo comparte la anarquista OLC. Sigue Otero: “El proceso venezolano es interesante y raro, como fenómeno. Hay una organización social muy importante, hay barrios que tienen un proyecto socialista, esté Chávez o no. Hoy lo siguen a él, pero si llegara a no estar, no se caerá todo el proceso de la Venezuela bolivariana”. Joaquín lo dice porque él visitó ese país el año pasado cuando fue invitado por organizaciones afines a la Libertaria Cimarrón y conoció de cerca esa realidad.

Parece difícil imaginarse un chavismo sin Chávez, pero Otero dice que es posible. (De todas formas y para que eso no suceda, el propio Chávez piensa plebiscitar su reelección indefinida).

A propósito de esto, opina Nicolás Marrero, juvenil del PT. “Mientras duren los precios altos del petróleo, Chávez va a ser el caudillo máximo; cuando baje el precio del petróleo, el chavismo se termina. Los contactos con Bolivia, Ecuador y Argentina son para expandir el monopolio sobre el petróleo”.

“La reforma agraria de Bolivia es un paso adelante, claro que sí. Pero es una reforma dentro del capitalismo, no deja de tener un corte capitalista”, agregó.

Profundiza Siola: “No nos sentimos identificados con ningún gobierno de América Latina (salvo Cuba) porque todos tienen carácter burgués. Nosotros queremos el socialismo, entonces no estamos conformes. El propio Chávez declaró que su modelo no iba por la dictadura del proletariado, y nosotros sí apostamos a ella”.

En el mismo sentido opinaron Otero y Corrales, que como anarquistas, creen que Chávez y Morales no escapan al corset de un sistema, que ellos deploran. “Vos pensás que Evo nacionaliza el gas. Pero, es un elemento que juega en la lógica del sistema. Evo tiene una construcción de poder popular muy fuerte, que lo presiona. Entonces, nacionalizar el gas y una reforma agraria es lo mínimo que tiene que hacer para que no lo voltee el pueblo. En Uruguay, lo mínimo que hubo que hacer fue el Plan de Emergencia, pero ¡vaya si el Frente juega en la lógica del sistema!”, exclamó Corrales.

Rodríguez, de la JCR, hace suyas las palabras de Chávez en cuanto a que a América Latina la sacudió un “huracán político”. Entiende que Cuba, Bolivia y Venezuela son los más “hostigados” por el “imperialismo”, y han llevado adelante las reformas populares más significativas. Y espera con ansiedad las primeras medidas del ecuatoriano Rafael Correa. A él no le molesta que el principal socio comercial de Venezuela sea Estados Unidos porque considera el caso con una visión artiguista, dice. “Si es conveniente hacer el negocio, se hace”.

Cuando se le pregunta a Federico Boga (MRO) por simpatías en el continente, no duda: la revolución cubana. Dice que aunque han pasado 47 años es un proceso vivo. A Chávez lo mira de reojo, algo desconfiado. “Ha desarrollado la participación popular, ha enfrentado a Estados Unidos en lo discursivo y ha implementado algunas nacionalizaciones que ilusionan. Pero hay que ver si avanza en el proceso que terminaría en el socialismo. Somos cautelosos, más que mirar a Chávez miramos al pueblo. A él lo seguimos vigilando”.

Detenerse a observar una pared en la sede del MRO de la calle Fernández Crespo resulta útil para entender sus afinidades ideológicas. Hay banderas colgadas de: Tupamaros, el “Che” Guevara, Cuba, la FAU, el Frente Revolucionario por una Alternativa Socialista, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de El Salvador, el Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua, la Unión Soviética, las FARC de Colombia, el Ejército Revolucionario del Pueblo de Argentina, el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru de Perú, el Ejército de Liberación Nacional de Colombia, el País Vasco, Batasuna, el Movimiento Sin Tierra de Brasil, la FAR de Chile, y el movimiento Mapuche.

Otra pared tiene ensamblados los rostros pintados de José Artigas y el “Che” Guevara junto a una frase que dice: “El deber de todo revolucionario es hacer la revolución”. Y en la fachada, a las caras de Artigas y Guevara se le suma la de Raúl Sendic.

Mario Rossi, veterano dirigente guevarista del MRO, de 64 años, explica aquello del verdadero socialismo sin concesiones al que aludió Lucía Siola, del PT. “Tenemos un modelo de socialismo: para nosotros las fábricas tienen que quedar en manos de los trabajadores, y la tierra en manos de los que la trabajan. En Venezuela vemos la lucha antiimperialista sí, pero hoy 20 millones de venezolanos se levantan todos los días a vender su mano de obra a capitalistas venezolanos y extranjeros. Por eso está lejos de lo que esperamos”.

Utopía que le dicen. “Para un revolucionario, cuanto más difícil, más nos gusta”.

Cuando llegue el día…

En todas las organizaciones, los jóvenes militantes son conscientes de la dificultad de instrumentar la revolución en el Uruguay de hoy. No están dadas las condiciones, repiten. Pero no pierden las esperanzas de verla, o mejor dicho: protagonizarla.

Aquí es donde se alcanzan a vislumbrar las diferencias en tácticas y estrategias, para lograrla con éxito.

Rossi dice que hacer la revolución es la “única salida” para 380 millones de lationamericanos “sumergidos en la pobreza”. El ejemplo que hay que seguir -dijo- es la revolución bolchevique. “Demostró durante 70 años que no se precisa de un burgués para producir y crear”.

“En Uruguay hoy no es viable, pero tenemos que prepararnos para eso”, sostuvo. Federico Boga, repartidor de pan y diseñador gráfico, dijo que ve la revolución uruguaya a largo plazo. “Me preparo para que sea todos los días, como decía Lenin, pero la veo dentro de mucho tiempo. Nuestra revolución es trabajando en varios frentes sociales todos los días: en barrios, haciendo ollas populares, ayudando en comedores infantiles”.

Los jóvenes guevaristas dicen moverse en los mismos frentes que los demás grupos: penetran en gremios estudiantiles (liceales y universitarios) y organizaciones barriales buscando crear conciencia y organizar a las masas más necesitadas.

Nicolás Marrero, del PT, interpreta que una revolución significa un cambio en las estructuras sociales del país. “Y eso no lo logra una elección, sino una apropiación, gente en la calle”, dijo. Sólo así habrá un gobierno obrero, como ellos quieren.

Creen que la revolución no podrá ser en un país y aislada del resto del mundo. “El socialismo tiene que darse a nivel mundial. La teoría del socialismo en un solo país no es viable porque estamos rodeados de capitalismo”, opinó.

Rossi, con algo más de tino y experiencia, encuentra dificultades insoslayables para la realización de una revolución mundial. “Primero tiene que ser un país, después varios y después todos. ¡¿Cómo hacemos la revolución todos el mismo día a la misma hora en todo el mundo?! ¿Me querés decir?”

Marrero no descarta la lucha armada “en algún momento”. Siola, su compañera trotskista, aclara que su partido no comparte la lucha armada desde el foquismo (Guevara creía que un pequeño foco podía iniciar acciones típicas de la guerra de guerrillas para lograr con relativa rapidez que la revolución se expandiera, obteniendo así el levantamiento de las masas), táctica que sí defiende la organización Fogoneros. “Creemos que nos separa de la clase obrera. Si cien tipos tiran tiros y rompen todo y la clase obrera lo mira por televisión, van a pensar: ´mirá estos loquitos´. Nosotros preferimos que nuestro programa llegue a todos los trabajadores, que lo tomen como propio y luchemos juntos”, dijo Siola.

Ismael Gómez (JCR) dijo en la facultad de Humanidades, donde estudia, que “la revolución se construye día a día” y puso como ejemplos: crear conciencia en gremios estudiantiles u obreros, peleando para que determinados barrios de la periferia tengan saneamiento o gestionando becas para un centro de estudio.

Milton Rodríguez apuntó que la revolución modélica es la artiguista que propone “luchar contra los opresores para repartir la tierra y generar mejores condiciones de vida para nuestros pueblos”. E insistió con que “los burgueses” en forma usurera les privan a los trabajadores de los medios de producción que operan.

“Cuando el pueblo diga ´basta, esto no va más´, ¿qué pasará?”, se pregunta retóricamente Rodríguez. Y para ejemplificar qué podría pasar en Uruguay ese día cita las variadas experiencias violentas en Bolivia o la de diciembre de 2001 en Buenos Aires.

Gómez afirmó que el ansiado día hay que destruir un Estado y comenzar a construir otro, distinto al conocido. “Implica aglutinar en un frente de liberación nacional a todos los que sean antiimperialistas y antioligarcas”. Algunas de las primeras medidas, a su juicio, deberían ser: crear organizaciones de campesinos y asalariados rurales que repartan la tierra e intentar que los trabajadores tomen las fábricas. En enormes asambleas populares bien se pueden elegir delegados de cada industria, fábrica o estancia.

Bruno Lasa, de Fogoneros, aclara que “revolución no es tirar tiros”, sino “un salto cualitativo donde se inviertan los polos de la contradicción de la sociedad. No es que nos calentamos todos, agarramos piedras, rompemos todo y hacemos la revolución. Es un proceso”.

Como los demás, entiende que la lucha armada es válida como herramienta para que “la clase dominante” deje las maquinarias en manos del “poder popular”. En esa lucha de clases “el pueblo tiene que estar preparado para confrontar contra todos los que lo joden”.

“La violencia no viene de nosotros, está en el sistema”, nos recuerda Victoria. Y como los poderosos no cederán su capital por las buenas, habrá que convencerlos por las malas.

Federico Steinhardt (FAU) no se imagina una nueva revolución oriental a mediano plazo porque “no hay efervescencia popular”. Cree que el presente es fermental como etapa de resistencia, de fortalecer ámbitos de base y colaborar en movilizaciones populares.

Curiosamente, no se imagina cómo será el día después de la revolución. “Cómo se articule la nueva sociedad es algo a explorar. No hay recetas mágicas”.

-¿No es demasiado arriesgado esperar a que el pueblo tome el poder para después experimentar en el gobierno apelando al ensayo y error?

-A la humanidad peor no le puede ir. Podemos errarle y colectivamente equivocarnos, pero nunca tan feo como ahora. Nunca se nos va a morir un niño de hambre. Llegado el proceso revolucionario no vamos a estar nosotros solos.

La Organización Libertaria Cimarrón, en cambio, prefiere no improvisar. Cree que los métodos de autogestión hay que ejercitarlos previamente.

Joaquín Otero: “Hablamos mucho del día D, donde habrá mucho humo en las calles porque el cambio es necesariamente violento (hay oligarcas que no querrán dejar sus fábricas ni los medios de comunicación ni sus empresas)”.

Por lo menos, él sí se imagina el día después de la revolución: “como decía Malatesta, tiene que haber pan y leche en todas las casas”.

Escrache para un “milico asesino”

El 7 de diciembre se realizó una marcha desde plaza Cagancha hasta el Tribunal de Apelaciones para manifestar contra el proceso de cuatro “compañeros” por “sedición” tras la protesta y los disturbios del 4 de noviembre de 2005 en Ciudad Vieja por la visita de George W. Bush a la Cumbre de presidentes en Mar del Plata.

Una semana después, los mismos grupos radicales se encontraron en el Obelisco para caminar juntos hacia la casa del ex presidente de facto Gregorio Álvarez en Parque Batlle.

Y el miércoles pasado se realizó un acto contra la firma del Tifa con Estados Unidos en el entendido de que es “el inicio de un Tratado de Libre Comercio” con la potencia del norte. El acto fue convocado por la Coordinación Antiimperialista, frente formado por el 26 de Marzo, la Corriente de Izquierda, el Partido de los Trabajadores, el Frente Revolucionario por una Alternativa Socialista y Fogoneros.

En las tres citas se pudieron escuchar los mismos cánticos, muy críticos con el gobierno nacional y con Estados Unidos. “¡El pueblo, el pueblo, el pueblo está podrido, hay que desmantelar el aparato represivo!” o “soy piquetero, soy un obrero, vamo´ a llenar la calle de piqueteros, no lo queremos a Vázquez ni a los banqueros, vamo´ a seguir luchando para que exista… una salida obrera y socialista”, fueron algunas de las estrofas repetidas.

Irma Leites, de Plenaria Memoria y Justicia, fue una de las voceras frente a la residencia de Álvarez, a quien en algún pasaje de su alocución se refirió como “milico asesino”. A cuatro días del fallecimiento del ex dictador chileno Augusto Pinochet, del otro lado del vallado en Campbell y Ricaldoni, dijeron: “Si serás sinvergüenza, ¿estarás llorando la muerte de tu amigo Pinochet o te alegrás porque ya no podrá seguir hablando del Plan Cóndor?”

Publicado en el Suplemento “Qué Pasa” del Diario El País, el sábado 27 de enero de 2007