Opinion Guevarista: No al TLC, No a la Sumisión, Romper con la Dependencia, por la Liberación Nacional y Social

31.Jul.06 :: Opinión Guevarista

Con el mayor respeto que nos merecen aquellos abogados, contadores y economistas, que desde su perspectiva profesional rechazan este tratado, corresponde que expresemos nuestra posición de rechazo a un TLC, desde una perspectiva de clase, basados en las herramientas de análisis proporcionadas por la ciencia marxista, con los pies y los ojos puestos en la clase trabajadora uruguaya.



La firme posibilidad de que nuestro país firme a corto plazo un Tratado de Libre Comercio con los EEUU, merece seriamente de una investigación, análisis y debate sobre las consecuencias que ese hecho traería aparejadas para la clase obrera y demás sectores populares víctimas de la opresión del sistema capitalista en nuestro país.Con el mayor respeto que nos merecen aquellos abogados, contadores y economistas, que desde su perspectiva profesional rechazan este tratado, corresponde que expresemos nuestra posición de rechazo a un TLC, desde una perspectiva de clase, basados en las herramientas de análisis proporcionadas por la ciencia marxista, con los pies y los ojos puestos en la clase trabajadora uruguaya.

En primer lugar, más allá del entretejido de articulados que pueda tener un tratado de esta naturaleza, o que tienen otros tratados ya firmados por otros países de nuestro continente, alcanza con saber que quien toma la iniciativa para llevar adelante este tipo de acuerdo es, nada más ni nada menos, que el imperio yanqui. Esto no quiere decir que ese articulado y demás detalles contenidos en la redacción de los tratados, carezcan de importancia o que no merezcan ser analizados. Pero, solo con saber que la iniciativa viene de quien viene, nos indica que los intereses que se expresan no son para nada los de nuestra clase.

La realidad actual del capitalismo global muestra una lucha por la hegemonía del planeta (lo que incluye hegemonía económica, política, militar y cultural) entre los yanquis, cuya economía está en franca crisis y con un endeudamiento sideral, y la Unión Europea y el Bloque del Pacífico. Esa hegemonía se expresa en los intentos por apropiarse y adueñarse de los recursos naturales, minerales y económicos que le permitan salvar su condición de imperio, y calafatear su economía interna.

En este marco de necesidad, el imperio yanqui busca aquí, en su pretendido “patio trasero” que es América Latina, consolidar su hegemonía en el continente. El objetivo es claro, apropiarse de los recursos naturales y económicos de nuestros países. A este objetivo hay dos formas de llegar: mediante la vía diplomática o mediante la vía militar. Por el momento las condiciones están dadas como para que la vía diplomática sea la principal, aunque la intervención armada directa nunca puede descartarse. Actualmente, todos sabemos el apoyo militar que los yanquis le brindan a Colombia en su lucha contra la guerrilla, por ejemplo.

Dado que la vía diplomática es el camino que han adoptado los yanquis para dominar nuestro continente, necesitan como contrapartida, gobiernos sumisos, débiles y obsecuentes que suscriban acuerdos de todo tipo con el amo imperial, casi sin ofrecer resistencias. Decimos casi, porque a veces desde lo discursivo hay quienes aparentan mostrar diferencias con determinados aspectos de estos tratados, aunque en definitiva los terminan firmando, entregando en bandeja de plata la soberanía de nuestros pueblos.

El objetivo estratégico hacia la dominación de nuestras economías y recursos por parte de los EEUU, es el establecimiento de un Área de Libre Comercio de las Américas. Este ALCA le permitiría a los yanquis tener el control del 22% del comercio mundial, con un PBI de 11.000 millones de dólares. La primera experiencia para poner en práctica esta zona de libre comercio fue la creación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), suscrito entre EEUU y Canadá en 1990, al que se incorpora México en 1994.

La constitución del ALCA pareció trabarse en la cumbre de las Américas de Mar del Plata, realizada en noviembre del 2005. Como respuesta a este empantanamiento los yanquis decidieron impulsar tratados de libre comercio bilaterales con aquellos países con gobiernos más “afines”. Consecuencia de esto es la firma de un TLC por parte del Perú, en diciembre del 2005. Ecuador parecía ser el segundo en hacerlo, pero por el momento, y tras violentas manifestaciones en contra, que incluyeron decenas de heridos y un par de muertos, está frenado. En lista de espera están: Costa Rica, El Salvador, Colombia, Guatemala, Nicaragua, República Dominicana y Uruguay. Las poderosas burguesías brasileña y argentina se han negado a que lo gobiernos Lula y Kirchner firmen un TLC con los yanquis por el momento. Los gobiernos antiimperialistas de Bolivia y Venezuela se niegan rotundamente a hacerlo, y por el contrario, lanzan junto con Cuba, el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas) y el Tratado de Comercio entre los Pueblos. Caso aparte es el de Chile, que desde 1998, tiene un TLC con los yanquis, además de una relación bastante carnal, sólo superado por el gobierno de Colombia (por ahora, Uruguay va en camino). De los que están en lista de espera, todos, menos Uruguay, ya tienen sus TLC’s redactados, solo falta la aprobación de los gobiernos y del Congreso de EEUU.

TLC’s: devastadores de soberanías

Los Tratados de Libre Comercio ya firmados, y los que ya han sido redactados, tienen varios aspectos coincidentes.

El ataque directo a la soberanía de los pueblos, es una de las facetas particulares de estos tratados. En general, son concebidos por parte del imperio para acceder al control de los recursos naturales de Latinoamérica, principalmente el agua, donde Costa Rica, Guatemala, Argentina, Brasil y Uruguay, tienen de las mejores reservas en el planeta. Obviamente están presentes las reservas de gas y petróleo, lo que hace a Ecuador, Colombia, Venezuela, Bolivia, Brasil y Argentina muy apetitosos en ese sentido. Debemos agregarle a esto, el tema de la tierra, no solo porque son de las más fértiles del mundo, sino porque a través de la compra de tierras, el imperio se asegura el acceso a los minerales y reservas de agua subterráneos.

Desde el punto de vista económico, la expresión “Libre Comercio” no es más que una falacia. El único que tiene libertad de comerciar es EEUU. Las otras partes firmantes, tan solo tienen la obligación de comprarle al imperio. Esto hace que la casi extinta industria nacional uruguaya desaparezca por completo. Los yanquis buscan, mediante estos tratados, proteger sus inversiones y mercados para su producción subsidiada.

No puede haber nunca igualdad de comercio, y por consiguiente no puede haber libertad de comercio, entre dos contratantes de tan marcada diferencia. Los EEUU son una superpotencia con hegemonía planetaria.

La firma de este tratado traería consigo la venta exponenciada de nuestras tierras, la privatización de las empresas estatales, flexibilización y desregulación laboral, se promueve la instalación de industrias altamente contaminantes, no se generan puestos de trabajo genuino, sino todo lo contrario.

Ante el avance de los TLC’s ¿El Uruguay puede ser una excepción?

Creemos firmemente que el gobierno uruguayo no tiene ni la fuerza, ni la intención, de decirle NO a este tratado. ¿Por qué? Porque ya lo ha demostrado abiertamente. Este es un gobierno sumiso ante las imposiciones del imperio, defensor de los intereses de la gran burguesía criolla. No es un gobierno ni popular, ni populista. Es un gobierno anti-popular y anti-obrero. Ejemplos de ello, sobran. Identificaremos solo algunos, que tienen que ver con el tema que estamos analizando:

1) La firma de un decreto el 20 de mayo de 2005 por el cual se desconoce la decisión popular de mantener el agua en manos del Estado: Maldonado y Canelones aun tienen agua privada.

2) La firma el 8 de junio de 2005 de una carta de intención con el FMI donde se comprometió a pagar 2.000 millones de dólares en tres años, y donde ya este año le entrego por adelantado, mil millones.

3) La firma, en diciembre del 2005, de un Tratado de Protección de Inversiones con EEUU, que preparó el terreno hacia la firma de un TLC.

El gobierno uruguayo no será una excepción a los de Colombia, Ecuador, Perú, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, etc., etc.

Ha dejado muy en claro que no quiere ni parecerse a los gobiernos progresistas de Bolivia y Venezuela. Los cuales sí son progresistas, y no como el uruguayo que es netamente continuista, reconocido por el propio presidente Vázquez.

Ahora bien, la excepción se puede dar solamente si el pueblo se moviliza en contra de este tratado. Porque no hay otro mecanismo que pueda impedirlo. Ni el parlamento, ni la constitución, ni las leyes.

Solamente el pueblo movilizado, asumiendo la defensa de lo que por derecho le pertenece, asumiendo la defensa de sus intereses soberanos, podrá impedir que se remachen las cadenas de la dependencia que el imperio y este gobierno quieren perpetuar.

Debemos, desde nuestras humildes convicciones, aportar en el sentido de generar conciencia en la clase trabajadora y el pueblo, de que la liberación nacional y social solamente se podrá conseguir mediante la lucha y la confrontación contra el gran enemigo de la humanidad, el imperio yanqui, y sus laderos de turno.

Esa liberación solo se podrá consagrar mediante una revolución que instaure el Socialismo.

Montevideo, julio de 2006 | juventudguevarista@gmail.com